The diary game, 28/10/2026. Un día entre lavadas, charlas con vecinos y un buen pan recién salido del horno.
🌺Saludos.🌺
Querido diario, hoy mi día comenzó a las 7 de la mañana, dándole gracias a Dios por este nuevo día y con buena salud. Me cepillé los dientes; la mañana estaba fresca. Hoy me levanté con el propósito de ponerme a lavar, pero amaneció bastante nublado; el cielo estaba gris y me esperé a que saliera el sol porque tenía mucha ropa que lavar y quería que todo se me secara porque, al meterla mojada, agarra mal olor y así no me gusta.
Mientras tanto, me fui donde Mariana; me senté a conversar con los vecinos echando broma. Mariana me dio el cafecito; hoy me tocó poner el azúcar. A Mariana no le dura mucho el café porque a cada momento está haciendo, pero todos los días no le puedo poner. Al rato el tiempo se empezó a despejar y el sol se veía bien lejos, pero al ver que salió un rayo de luz, me levanté y fui a sacar la lavadora.
Saqué la lavadora y la llené; luego escogí la ropa blanca de la escuela de Anthony y comencé a lavar. Acumulé algo de ropa mientras salía bien el sol. Ya cuando comencé a enjuagar la ropa de Anthony, el sol salió bastante fuerte, aunque a veces se escondía, pero luego se quedó tranquilo y no se escondió más. Francisco llegó con un pantalón y una camisa para que se los lavara, pero esperé terminar con la ropa de Anthony porque no me gusta mezclarla con la de otras personas para que no agarre otro olor. Así que terminé de enjuagar y tender.
Monté un arroz temprano y, cuando iba a mandar a la tienda, me habló Luis y me entretuve hablando; cuando vine a ver, eran las 12:00 p.m., las tiendas ya estaban cerradas y no pude comprar nada. Pero Anthony no se molestó por eso, porque agarró el arroz, le echó mantequilla y queso, y comió. Yo al instante no comí hasta no terminar de lavar, porque me da pereza. Los muchachos ya habían terminado de hacer el pan. Terminé de lavar y, cuando se fue Anthony, me acosté después de comerme una arepa con queso y mantequilla. Las fotos se me olvidaron.
Me sentía tan cansada que me acosté un rato y me quedé dormida sin bañarme y con la ropa mojada. Lo importante era que ya había terminado de lavar y logré tender todo en la cuerda. Pero a eso de las 2:00 p.m. me tuve que levantar porque se había ido la luz.
Me alegré porque así ya no nos tocaba por la noche, que es más fastidioso por los zancudos. Me di un baño y me cepillé los dientes. Al rato llegó Luis a hornear el pan; yo me quedé sentada mientras lo veía hornear y conversamos un rato. Me regaló un pan recién salido, le eché mantequilla y eso fue una delicia: pan tostado y calentito.

El pan recién salido del horno.
Al llegar Anthony de la escuela, me ayudó a recoger la ropa y a acomodarla. Estaba haciendo bastante calor; me puse a recoger en la cocina y a darle una barrida a la casa. Ya después que Luis terminó de hornear, me puse a barrer el fondo y cerré la puerta porque con esta entran los zancudos. El aire enfría bastante y, cuando se va la luz, la casa queda fresca, no como la otra, que por todos lados se le salía el aire.
A eso de las 7:10 p.m. nos llegó la luz. Hice las arepas y preparé una sardina con tomate, cebolla y aguacate, le agregué mayonesa y nos sentamos a comer; estaba muy buena. Lavé los corotos, barrí y me fui al cuarto a redactar el diario, pero me entró un sueño tan bueno que no lo desaproveché y me acomodé para descansar.





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