La frase que salvó mi taller de liderazgo en Asunción

A breathtaking aerial view of Budapest with the Danube River and St. Stephen's Basilica.
Foto: Dagmara Dombrovska / Pexels (CC0)

Esta mañana, 8 de septiembre de 2026, mientras acomodaba las sillas del salón “Alto Paraná” en la calle 12 de Asunción, recordé la frase de Stephen Covey: “Comienza con un fin en mente” (Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva). Tenía que dar un taller de liderazgo a los voluntarios de la ONG Manos Unidas y el registro de inscripciones mostraba solo 12 personas. El reloj marcaba las 09:30 y yo aún no tenía claridad sobre el objetivo concreto del encuentro.

Lo que aprendí de Covey es que el primer paso es definir, en una hoja, cuál es el resultado deseado y luego retro‑planificar cada actividad. Anoté: "Al final del taller, los participantes deben presentar un plan de acción de 3 pasos para mejorar la gestión de sus equipos". Con esa visión, reorganicé el programa: sustituí la charla teórica de 45 minutos por una dinámica de role‑play donde cada asistente practicaba el “feedback constructivo”. En la práctica, la claridad del fin hizo que la gente se sintiera más involucrada desde el minuto cero.

Un caso concreto que ilustra la lección clave ocurrió con María González, 34 años, quien dirige un pequeño proyecto de reciclaje en San Lorenzo. María asistió al taller y, siguiendo el esquema de Covey, redactó su objetivo: "Incrementar la participación de la comunidad en un 30% en los próximos tres meses". Aplicó la técnica de retro‑planificación que les mostré y, dos semanas después, reportó un aumento del 32% en la asistencia a sus jornadas de recolección. Su éxito confirmó que el hábito de empezar con un fin en mente no es solo teoría, sino una herramienta que genera resultados medibles.

"Un objetivo sin un plan es solo un deseo" – Stephen Covey

Si recién estás empezando a organizar cualquier proyecto, yo te sugeriría estos pasos ahora mismo:

  1. Define el resultado: escribe en una hoja qué quieres lograr al final del proceso, con números y plazos claros.
  2. Retro‑planifica: parte del objetivo y vuelve hacia atrás enumerando cada acción necesaria para llegar allí.
  3. Visualiza la conclusión: dedica 2 minutos antes de cada sesión a imaginar el momento en que ya has alcanzado el fin.
  4. Comunica el fin: comparte el objetivo con tu equipo o participantes para crear compromiso.

Al aplicar este método, noté que la energía del grupo cambió: en lugar de preguntar "¿qué haremos?" comenzaron a preguntar "¿cómo llegaremos allí?". Mañana, antes de mi próximo encuentro en la biblioteca municipal de Itá, voy a preparar una hoja de objetivo para el taller de escritura creativa que tengo programado, y espero que la dinámica sea igual de productiva.

En el día a día, este hábito se ha convertido en mi brújula para cualquier iniciativa, y cada vez que lo uso siento que el caos se vuelve manejable.