Leí el libro que Robin Sharma escribió después de 25 años diciendo «no te mates trabajando»

Foto: betül nur akyürek / Pexels (CC0)
Ayer sábado, mientras esperaba que se descongelara una milanesa (sí, un sábado de esos), me topé en el celular con una nota donde Robin Sharma decía algo que me hizo dejar el plato a medio calentar: «creo que ahora somos demasiado dóciles con nosotros mismos; cuidarse también significa tener disciplina y compromiso con la excelencia». Me quedé pensando en eso porque yo tengo una relación complicada con la palabra disciplina, y porque hace poco había leído El club de las 5 de la mañana, del mismo autor, donde insiste con que el primer paso no es madrugar sino decidir qué hacés con las primeras horas del día.
En resumen
El club de las 5 de la mañana (The 5AM Club) de Robin Sharma es una novela de negocios con dos protagonistas bastante arquetípicos: una emprendedora agotada y un artista frustrado. Los lleva de la mano un millonario excéntrico que les enseña un sistema que el autor llama «la fórmula del 20/20/20». Es exactamente eso: veinte minutos para mover el cuerpo, veinte para reflexionar o escribir, veinte para estudiar o crecer profesionalmente. Antes de las seis de la mañana.
La idea central no es la hora en sí, y esto lo quiero remarcar porque mucha gente se queda con el reloj. La idea es que la primera hora del día te pertenece si ganás la batalla contra la cama. Después el día te pertenece a vos, y no al celular, ni a los mensajes del trabajo, ni a las noticias de la mañana.
Sharma repite un número varias veces en el libro: la neurociencia habla de que la corteza prefrontal está fresca después de dormir, y que esas primeras horas son las mejores para el trabajo que requiere concentración real. No sé si el número exacto es 60% o 70% (no tengo el libro abierto para verificar, prefiero no inventar), pero la lógica me cierra.
Aplicacion practica
Probé esto en marzo, tres semanas seguidas. No cinco de la mañana, sino seis, que ya es un sacrificio grande para alguien que duerme mal. Puse el celular en el baño, lejos de la cama, y me levantaba a buscarlo. Los primeros veinte minutos caminaba alrededor de la casa, después leía una página del libro y después escribía media carilla en un cuaderno.
Lo que me pasó es lo que el libro predice: el resto del día se vuelve más manejable. No sé si es magia ni disciplina heroica, pero algo cambia cuando no arrancás la mañana respondiendo mensajes. La segunda y tercera semana ya no me costaba tanto. La cuarta, perdí el ritmo porque viajé y nunca lo retomé del todo.
Mi consejo
Mirá, te soy sincera: el libro tiene momentos de autoayuda bastante dulce, con frases de esas que se subrayan y se pegan en la heladera. A mí me funcionó tomarlo como un manual de estructura, no como un evangelio. Si buscás algo menos narrativo y más directo sobre hábitos, te recomiendo leer después Hábitos atómicos de James Clear, que aterriza todo esto en un mecanismo mucho más simple.
La advertencia honesta: si sos una persona que trabaja hasta tarde o tiene hijos chicos, la versión literal de madrugar te va a frustrar. Sharma escribe desde una vida que no tiene nenes despertándose a las tres de la mañana. Igual el sistema se puede adaptar, y eso es lo que valoro del libro: se puede arrancar con quince minutos en vez de veinte.
Pasos para ponerlo en practica
- Elegí una sola cosa para los primeros veinte minutos de mañana, no tres. Si podés, mañana mismo, antes de agarrar el celular. Diez minutos ya cuentan.
- Poné el despertador lejos de la cama. Si vivís en departamento chico, en el pasillo. El objetivo es tener que levantarte para apagar la alarma.
- Anotá en el celular, la noche anterior, qué vas a hacer en esos minutos. Si no lo decidís antes, al abrir los ojos no vas a tener ganas de inventar nada.
- Revisá cada viernes si cumpliste. Si cumpliste dos de cinco días, igual es progreso, no tires la semana entera.
Esto no es para ser mejor que nadie, es para tener una hora que no te la robe nadie. Y bueno, si te sale como a mí, con una recaída en el camino, igual sirve.