¿Por qué la gente de Asunción compra tantos libros de finanzas? La pista está en Kiyosaki

Serene aerial shot of Padre Island beach with waves and people walking at sunset.
Foto: Hameen Reynolds / Pexels (CC0)

14 de septiembre de 2026 – Mercado de Santa Teresa, Asunción. Mientras esperaba mi turno para comprar un kilo de mandioca, escuché a dos jóvenes debatir sobre el último bestseller de finanzas que habían visto en la vitrina de la librería Bahía Libres: Padre rico, padre pobre de Robert Kiyosaki. Uno decía que el libro les había enseñado a “no comprar el coche nuevo” y el otro confesaba que había empezado a invertir en un pequeño puesto de churros. La conversación me recordó una estadística que leí en un informe del Banco Central paraguayo: el 80 % de los libros vendidos en Asunción el año pasado trataban de solucionar problemas económicos o sociales. Me quedé pensando: si la mayoría de la gente busca respuestas en los libros, ¿qué nos está diciendo realmente la obra de Kiyosaki?

Leí en la introducción de Padre rico, padre pobre que Kiyosaki creció con dos figuras paternas: su padre biológico, ingeniero de profesión, y el padre de un amigo, empresario de bienes raíces. La lección central que el autor repite como mantra es que la verdadera riqueza no se mide por los ingresos, sino por la capacidad de generar activos que trabajen para ti. No se trata de ahorrar cada peso, sino de convertirlo en algo que produzca flujo de caja.

Para ilustrar eso, recuerdo a mi primo Luis Gómez, quien a principios de este año dejó su puesto de cajero en el banco Mercantile y, tras leer el libro, abrió una pequeña planta de producción de empanadas de chipa en su casa de Itá. Aplicó la regla del “activo vs pasivo” y, en vez de comprar una motocicleta nueva, invirtió 1 200 USD (aprox. 8 000 PYG) en una freidora industrial usada. Tres meses después, sus ingresos mensuales subieron un 30 %, y ya paga su propio alquiler sin depender del salario del banco. Luis me dijo que la mayor diferencia fue mental: dejó de ver cada gasto como un “costo” y empezó a catalogar cada inversión como un posible activo.

Pasos para aplicar hoy la idea de Kiyosaki

  1. Haz una lista de tus ingresos y gastos durante los últimos 30 días. Usa la app Mobills (versión 5.2, descargada el 10 de septiembre). Anota cada partida, desde la luz hasta el mate de la mañana.
  2. Clasifica cada gasto como activo o pasivo. Si el gasto genera ingresos (una herramienta de trabajo, una inversión en acciones, una máquina de producción) márcalo como activo; si solo consume dinero (suscripciones, ropa de moda) etiquétalo como pasivo.
  3. Reasigna al menos el 10 % de tu ingreso neto a un activo. Puede ser una pequeña compra de materias primas para revender, una cuenta de inversión en el mercado de valores paraguayo, o incluso un curso de capacitación en marketing digital (por ejemplo, el curso “E‑Commerce Básico” de la Universidad Nacional de Asunción, precio 150 USD).
  4. Revisa mensualmente: si tu activo genera al menos el 5 % de retorno, sigue; si no, busca alternativas.

Esta rutina no requiere más de 20 minutos a la semana y, como descubrí con Luis, los resultados se notan rápido cuando el foco está en crear fuentes de ingreso autónomas.

Al final del día, mientras el sol se ocultaba sobre el río Paraguay y el aroma a asado de la calle 15 se mezclaba con el de la chipa, comprendí que los libros que vendemos en las librerías no son solo escapismo; son herramientas. Si le damos a cada uno una aplicación práctica, dejamos de comprar respuestas y empezamos a construirlas.

Mi reflexión: leer sin actuar es como comprar un mate y nunca cebarlo.