La vez que en Filadelfia el termómetro marcó 41 y el chaqueño me dijo 'esto no es nada

in #finanzas • 11 days ago

calles anchas de Filadelfia bajo el sol chaqueño
Foto: CHA - Chaco interpretation centre in Filadelfia, Paraguay, 2023 / Wikimedia Commons

El martes pasado andaba por Filadelfia, en pleno Chaco, y a eso de las tres de la tarde el termómetro de la farmacia de la avenida principal marcaba 41 grados. Yo estaba con la cámara pegada a la mano y el sudor me corría por la correa. Un señor de sombrero ancho, Don Elvio creo que se llamaba, me vio parado en la vereda como un turista perdido y me dijo, sin sacarse el cigarro de la boca: "esto no es nada, en enero tuvimos 45". Y siguió caminando como si nada.

Ahí entendí algo que no había terminado de cerrar en mis viajes anteriores: el Chaco no se visita como se visita Encarnación o San Bernardino. No hay sombra de árboles grandes, no hay brisa de río, no hay ese alivio que uno espera en cualquier destino de verano. En Filadelfia lo que hay son calles anchas, techos bajos y una comunidad menonita que aprendió a vivir con el calor como quien aprende a vivir con un vecino ruidoso. Me metí al museo de la colonia, que abre hasta las cinco, y ahí adentro estaban los tres ventiladores de pie apuntando a la misma sala. Un detalle que me gustó, porque no lo esconden ni lo maquillan.

Lo mejor de todo, igual, fue el almuerzo. En el restaurante de la cooperativa servían un churrasco con papas y ensalada de repollo por 45.000 guaraníes, y la jarra de agua fría venía sin hielo, porque el hielo se derrite antes de llegar a la mesa. La verdad es que no lo puedo explicar de otra forma: comer eso a las 41 grados, con el ventilador de techo dando vueltas lento, es una experiencia que no se parece a ninguna otra. Me quedé una hora más de lo que pensaba, no por la comida, sino por no querer salir al sol otra vez.

Eso es todo. A veces el destino no es lo que uno ve, es lo que uno aguanta.

Para quien quiera ir, le diría que no lo haga en enero, aunque los chaqueños se rían de mí por decir esto. Octubre o noviembre son más llevaderos, y conviene salir temprano, tipo siete de la mañana, hacer todo lo que se pueda caminar antes del mediodía y guardarse la siesta. Llevar dos botellas de agua, no una. Y no esperar encontrar sombra donde no la hay: en Filadelfia la sombra se construye con aleros, con toldos, con paredes que uno mismo busca. Si recién arrancás con la ruta chaqueña, yo empezaría por acá, que tiene todo lo básico (hotel, comida, museo) sin la exigencia logística de ir más al oeste.

Me quedé pensando en Don Elvio y su cigarro. Capaz el calor chaqueño también es una forma de pertenencia: los que lo aguantan sin quejarse son los que se quedan.

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El post cuenta la visita a Filadelfia, en el Chaco, con el termómetro de la farmacia en 41. La foto es del CHA y lleva el crédito de Wikimedia. Si el problema es la atribución de la imagen o algún dato, decime cuál y lo corrijo.