Todavía no sé si al Cerro Akatĩ hay que subir de madrugada o cuando cae el sol

in #finanzas • 15 hours ago

Yo estaba convencido de que para hacer fotos en el Cerro Akatĩ, en plena cordillera del Ybytyruzú, solo había una regla sagrada: llegar a la cima antes de que el sol asome. Tenía esa idea clavada desde hace años. Para mí, el famoso mar de nubes tapando todo el valle de Colonia Independencia a las seis de la mañana era la única toma increíble que justificaba el castigo de subir ese camino de piedras sueltas. Si no había bruma tupida, sentía que la subida quedaba a medias.

Pero el sábado pasado me cambió todo el esquema.

Mirador de madera en la cumbre del Cerro Akatĩ en Guairá
Foto: Ricardogomezize / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Salí tardísimo del centro de Melgarejo por parar a emparchar un neumático y llegué a la cumbre rozando las cinco y media de la tarde. En lugar del manto blanco y húmedo que siempre busco con la cámara, me encontré con Don Benítez sentado cerca de la base del mirador, tomando tereré bajo una luz dorada tremenda que pegaba de costado contra la pared de roca. Las sombras de las serranías vecinas se estiraban sobre el departamento de Guairá de una forma majestuosa. Saqué la Nikon D750 con el lente de 35mm y me quedé mirando el encuadre sin terminar de entender cómo nunca me había fijado en eso. El relieve de la cordillera, que la niebla matutina oculta por completo, a esa hora del atardecer parecía tridimensional, profundo y lleno de texturas.

Y ahí se me armó la duda que hasta hoy no me puedo sacar de la cabeza. Siempre le dije a la gente que la mañana le da ese aire místico al Ybytyruzú, pero ahora sospecho que la niebla es solo un velo romántico que nos gusta porque borra los detalles. Al caer la tarde ves exactamente dónde termina el monte espeso y dónde empiezan los cultivos de los colonos, con una variedad de tonos ocres y verdes que a primera hora sencillamente no existen. Le pregunté a Don Benítez qué momento prefiere él que está ahí todos los días, y el viejo le pegó un sorbo a su guampa de aluminio y me dijo "a la mañana la montaña duerme, a la tarde se le ven las arrugas".

Valió la pena la caminata tardía, no se lo pierdan si andan por el Guairá, pero sigo sin resolver qué versión del cerro es la verdadera. ¿Buscamos la foto con niebla solo por el orgullo de decir que nos levantamos a las cuatro de la mañana, o el atardecer le quita ese misterio que uno busca en la naturaleza? Tengo que volver antes de que termine noviembre y te soy sincero, no sé qué hacer con la alarma. No me decido si ponerme las botas a ciegas antes del amanecer o quedarme abajo tomando un café hasta que el sol empiece a bajar.