El short de la fotógrafa, el mío de los 15 años y por qué el fútbol se cree dueño de la ropa ajena
Ayer estaba esperando el colectivo en la parada de la ruta 2, con el celular al 8% y el dedo ya cansado de scrollear, cuando me saltó la noticia del club que le prohibió a una fotógrafa entrar a la cancha por el short que tenía puesto. Pará, ¿en serio? Volví a leer. Sí, en serio. Un club de acá, de Paraguay, con un código de vestimenta escrito quién sabe dónde, apuntando contra una fotógrafa. Y yo, con la garra que me agarró ahí nomás en la parada, no pude evitar acordarme de algo que me pasó a los quince años.
En mi época de juvenil, en un club de barrio de Itauguá que no voy a nombrar para no herir susceptibilidades, el coordinador nos hizo firmar una hoja con reglas. Reglas de vestimenta, decía. Yo leí hasta la tercera línea y firmé. Después me enteré que una de las reglas era que los domingos había que ir con camisa. Con CAMISA, kóre. Al campo, a jugar al barro. El que no iba con camisa no entraba ni al vestuario. Y así nomás era: el pibe que se olvidaba se quedaba afuera, mirando por la reja como un perro. A los dos meses la regla se cayó sola, porque no había un alma que la cumpliera.
Por eso cuando leí lo de la fotógrafa del Ameliano me quedé helado. No por la prohibición en sí, que ya sabemos que los clubes viven inventando normas para sentirse importantes, sino por el detalle. Una fotógrafa. La mina labura, va con los equipos, corre de un lado al otro con la cámara al hombro para que después la foto salga en el diario o en la página del club. ¿Y le vas a decir cómo se viste? ¿En serio? ¿Con un reglamento de hace cuántos años, revisado por quién, aprobado por qué comisión?
Lo que me revienta es la lógica de fondo. El fútbol se cree dueño de la ropa. De la ropa de los jugadores, del color de la indumentaria, del largo de las medias, del short de la fotógrafa. Pero ojo con esto: no es un tema de fútbol, es un tema de poder. Es más fácil discutir un short que arreglar los baños de la cancha, más fácil que pagar las planillas al día, más fácil que decirle al socio que este año no hay refuerzos.
Y no me vengan con el verso del código de vestimenta y la seriedad institucional. He visto presidentes de club entrar a la cancha con chancletas y camiseta de tirantes. He visto dirigentes de saco pasado de moda pero con los bolsillos llenos de facturas vencidas. A esos el código no les dice nada, claro. A la fotógrafa sí.
Leí en un portal que la acusación venía por una cuestión de "imagen institucional". Imagen institucional, ndaje. La imagen institucional de un club de barrio que no tiene ni para cambiar las redes de los arcos. Me río por no llorar.
Ahora, ojo, no todo es escándalo y twitter. Pongo las manos en el fuego por una cosa: la gran mayoría de los clubes de acá no hacen esto. La gran mayoría no tiene código de vestimenta, ni secretario de actas con uniforme, ni comisión de protocolo. La gran mayoría son cuatro dirigentes con una carpeta de elástico y un pibe de 20 años que arma las planillas de la fecha. Esos clubes no le piden camisa a nadie. Y en esos clubes, las fotógrafas, los utileros, los pibes de la tira, todos entran como pueden y nadie les dice nada.
Por eso me da bronca que la noticia se cuente como si fuera la norma. No es la norma. Es un caso. Un caso que se hizo público porque a alguien le dieron ganas de contar. Pero detrás de ese caso hay una lógica que sí es bastante común: la de decidir quién entra y quién no según la pinta, no según la función.
Si estás arrancando en esto de cubrir fútbol de barrio, o si sos fotógrafa y estás pensando si meterte en cancha, yo te digo lo que haría: primero hablá con el club, sin escándalo, con la cámara al hombro y una sonrisa. Preguntá si hay alguna norma, algún requisito, algo que necesiten saber. La mayoría te va a decir que no, que entres nomás. Pero también preguntale al utilero, al que abre el portón, al que barre la cancha. Esa gente sabe más que cualquier reglamento escrito. Si algo no te cierra, decilo en el momento, tranquila, sin pelear, y si te dicen que no, pedí que te lo digan por escrito. No sabés el poder que tiene pedir las cosas por escrito.
Y si te toca un club que te quiere sacar por un short, mi consejo es que no te lo tomes personal. No es contra vos. Es contra la idea de que alguien pueda entrar a una cancha a laburar sin pedir permiso a los quince tipos que manejan la comisión directiva.
A mí me hubiera gustado tener ese consejo a los quince. Yo firmé una hoja sin leer, me perdí tres domingos de fútbol por no tener camisa planchada, y me quedó la costumbre de preguntar siempre dos veces antes de entrar a cualquier lado. Esa maña me salvó más veces de las que me gustaría admitir.
La fotógrafa, no sé cómo se llama, no la conozco. Pero le mando un saludo desde acá, desde la parada de la ruta 2, con el celular al 5%. Ojalá en la próxima fecha la dejen entrar con el short que quiera, y ojalá el club se acuerde de que la foto la saca ella, no la comisión de protocolo.
