El cerebro es el objetivo y el arma
«El cerebro es a la vez el objetivo y el arma en la lucha por la superioridad cognitiva.» La frase no es de un canal de Telegram ni de un documental. Está hoy en la página oficial del Mando Aliado de Transformación de la OTAN, en Norfolk, en el apartado dedicado a la guerra cognitiva. Un poco más abajo, la misma página explica en qué consiste esa lucha: «actividades militares y no militares, deliberadas y sincronizadas, a lo largo de todo el continuo de la competición». Todo el continuo. Es decir, también ahora, sin que haya guerra declarada con nadie.
Este artículo va de tres documentos. Uno de la OTAN, de 2021, que propuso que la mente humana fuera el sexto campo de batalla. Otro de la propia OTAN, de 2024, que convirtió aquella propuesta en programa. Y un tercero, español, anterior a los dos, que ya lo tenía escrito en la doctrina de las Fuerzas Armadas. Los tres se pueden leer enteros, están enlazados abajo y se quedan guardados en este blog con su huella, por si un día desaparecen.
Y va de una cosa más, que es la que de verdad importa: esos documentos contienen una lista de los puntos débiles del cerebro que hacen posible la guerra cognitiva. Esa lista, leída del revés, es el manual de defensa. Está al final.
El estudio: 45 páginas y una recomendación
En 2020, el Innovation Hub de la OTAN, un centro de ideas que depende del Mando Aliado de Transformación (ACT, por sus siglas en inglés), encargó a su responsable, François du Cluzel, un estudio sobre la guerra cognitiva. Se trabajó entre junio y noviembre de 2020 y se publicó en enero de 2021: Cognitive Warfare, 45 páginas, en inglés. El documento lleva un descargo en la tercera página que conviene citar antes que nada: las opiniones «reflejan estrictamente las discusiones mantenidas en los foros del Innovation Hub» y «no reflejan las de ACT ni las de sus naciones miembro». Es un estudio patrocinado, no doctrina. Eso limita lo que se puede decir de él, y también lo que no.
Lo que el estudio dice, traducido de su propio texto, es lo siguiente.
Que la guerra cognitiva no busca cambiar lo que la gente piensa, sino cómo piensa: «el objetivo no es atacar lo que los individuos piensan, sino más bien la manera en que piensan». Que su blanco es la confianza: en las elecciones, en las instituciones, en los aliados, en los políticos. Que a diferencia de la propaganda de antes, en la que uno era receptor pasivo, aquí «todo el mundo participa, en su mayor parte sin darse cuenta»: cada uno contribuye con lo que comparte, con lo que reacciona, con los datos que deja. Que es una guerra «potencialmente interminable, puesto que no puede haber tratado de paz ni rendición para este tipo de conflicto». Y que su objetivo, dicho con cinco palabras en la página 25, es «convertir a todo el mundo en un arma».
El estudio también dice quién hace esto. Rusia, con la doctrina del control reflexivo. China, con lo que sus estrategas llaman «superioridad mental» y una ciencia militar del cerebro. El planteamiento es defensivo: la guerra cognitiva «se le ha impuesto a las democracias liberales occidentales» y la OTAN tiene que responder. Hasta aquí, lo que cabía esperar de un documento militar.
Lo que no cabía esperar tanto está en la introducción, en la página 5, y no es una cita de un adversario sino la conclusión del autor sobre lo que la OTAN tiene que hacer: «desarrollar capacidades para dañar las capacidades cognitivas de los oponentes será una necesidad. En otras palabras, la OTAN necesitará adquirir la capacidad de proteger su proceso de toma de decisiones y de perturbar el del adversario». Y en el resumen ejecutivo, en la página 4: «lo que definirá la victoria será la capacidad de imponer un comportamiento deseado a una audiencia elegida».
De ahí sale la recomendación que da nombre a todo esto. Hasta ahora, la OTAN opera en cinco dominios: tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio. El estudio propone declarar un sexto, el «dominio humano», y lo define en la página 33 como «la esfera de interés en la que se pueden diseñar y ejecutar estrategias y operaciones que, dirigiéndose a las capacidades cognitivas de individuos y/o comunidades con un conjunto de herramientas y técnicas específicas, en particular digitales, influirán en su percepción y manipularán su capacidad de razonar, obteniendo así el control de sus palancas de decisión, percepción y comportamiento para lograr los efectos deseados».
Léase despacio: «individuos y/o comunidades». No dice soldados. No dice adversarios. La definición no distingue a quién se aplica.
Lo que hay que conceder, y lo que no
Quien lea el estudio buscando la frase «vamos a manipular a nuestra población» no la va a encontrar. No está. El documento habla de adversarios de principio a fin, y quien lo presente como un plan confeso de lavado de cerebro está diciendo más de lo que el papel dice. Conviene tenerlo claro porque, si se exagera, se pierde lo que sí está escrito, que es bastante.
Lo primero que está escrito es que el terreno de esta guerra es la sociedad entera, y no de forma metafórica. El estudio dice que cualquier usuario de tecnologías de la información es un objetivo potencial y que la guerra cognitiva «apunta a todo el capital humano de una nación». Dice que las sociedades abiertas son especialmente vulnerables. Y dice que responder exige un «enfoque de todo el gobierno», con «cambios en cómo se financia, equipa y organiza la defensa para ofrecer opciones militares por debajo del umbral del conflicto armado». Por debajo del umbral del conflicto armado es la manera técnica de decir «en tiempo de paz».
Lo segundo es que el estudio reconoce que no hay ley. En la página 34 recomienda que la OTAN impulse un marco jurídico internacional para las neurociencias porque «no existe ningún marco jurídico internacional acordado en el campo de las neurociencias». Y en la página 31 admite que las tecnologías de mejora cognitiva que se están explorando tienen «efectos secundarios potenciales» que enumera: «deterioro del habla, deterioro de la memoria, aumento de la agresividad, depresión y suicidio». El contexto de esa frase es la mejora cognitiva del propio personal militar, no la población. Pero es la propia OTAN describiendo lo que hacen esas tecnologías antes de que exista una norma que las regule.
Y lo tercero es un ejemplo que el estudio elige para ilustrar cómo se destruye la confianza. En la página 8, hablando de la sobrecarga de información durante la pandemia, pone como caso de «texto deliberadamente sesgado» el estudio de The Lancet sobre la cloroquina. No lo dice un canal disidente: lo dice un documento de la OTAN, escrito en 2020.
Así que la sospecha de que aquí se está hablando de nosotros no es paranoia. Es lectura. Las definiciones no distinguen audiencias, el terreno es la sociedad entera, la guerra no termina nunca y no hay ley. Lo que no se puede afirmar es que alguien haya decidido usarlo contra su propia gente. Lo que sí se puede afirmar es que nada en el texto lo impide, y que el texto lo sabe.
Del estudio al programa
Un estudio con descargo de responsabilidad no compromete a nadie. Lo que vino después, sí.
Entre 2022 y 2024, el Mando Aliado de Transformación desarrolló el Cognitive Warfare Concept, el Concepto de Guerra Cognitiva, dentro de una línea de trabajo que la propia OTAN llama «imperativo de desarrollo de la guerra: superioridad cognitiva». Una ficha oficial de 2023 lo describe como una línea de entrega de la Agenda de Desarrollo de la Guerra, con un concepto inicial en 2022 que se validaría y refinaría durante 2023. Y el 3 de julio de 2024 ACT publicó una nota explicando que el concepto se había elaborado «con contribución directa de más de 20 naciones miembro de la OTAN, numerosos mandos de la OTAN, académicos y expertos de la industria».
Esa nota de 2024 ya no lleva descargo. Y dice dos cosas que el estudio de 2021 no decía. La primera es que el concepto sirve para «desarrollar sus capacidades para competir eficazmente en la dimensión cognitiva». Competir, no solo defenderse. La segunda es a quién se dirige parte de ese esfuerzo: entre los objetivos figura «explorar formas de reforzar la confianza pública y la comprensión del papel de la OTAN», y el método es «moldear proactivamente el entorno informativo». La confianza pública de la que habla no es la de Rusia.
La página oficial de la que sale el título tampoco ha dicho siempre lo mismo. En la copia que Internet Archive guardó en febrero de 2024, el párrafo de apertura era otro: la guerra cognitiva «incluye actividades realizadas en sincronización con otros instrumentos de poder para afectar a actitudes y comportamientos, influyendo, protegiendo o perturbando la cognición a nivel individual, de grupo o de población, con el fin de obtener ventaja sobre un adversario», y a continuación: «diseñada para modificar las percepciones de la realidad, la manipulación de la sociedad entera se ha convertido en una nueva norma». Entre esa versión y la de hoy cambió la frase, no la idea: «a nivel de población» en 2024, «el cerebro es el objetivo y el arma» en 2026. Las dos están enlazadas abajo.
Conviene decir también lo que no ha pasado, porque circula como si hubiera pasado. La OTAN no ha declarado el dominio humano ni el cognitivo como sexto dominio oficial de operaciones. Un documento del Centro de Excelencia de Ciberdefensa de la OTAN en Tallin, de este mismo año, lo deja claro: «en la actualidad la OTAN reconoce oficialmente cinco dominios operacionales, a saber, tierra, mar, aire, espacio y ciberespacio. El dominio cognitivo se discute como potencial sexto dominio de operaciones, aunque su institucionalización dentro de la doctrina oficial sigue siendo objeto de debate». Lo que hay es un concepto, un programa y una página oficial que dice que el cerebro es el objetivo y el arma. Lo que no hay es la etiqueta. Quien afirme que la OTAN «ha reconocido oficialmente» el sexto dominio está adelantando una decisión que no se ha tomado.
España llegó antes
Aquí viene lo que menos se cuenta. Mientras la OTAN debate si el ámbito cognitivo merece ser un dominio, la doctrina militar española lo tiene incorporado desde febrero de 2018, dos años antes del estudio del Innovation Hub.
La publicación se llama PDC-01 (A), Doctrina para el empleo de las Fuerzas Armadas, la firma el Jefe de Estado Mayor de la Defensa, y estructura el espacio de las operaciones en cinco ámbitos: terrestre, marítimo, aeroespacial, ciberespacial y cognitivo. Lo curioso es que la doctrina española va por libre: donde la OTAN y Estados Unidos tienen un «ámbito de la información» dentro del cual lo cognitivo es una dimensión, España se salta la información y pone lo cognitivo directamente al mismo nivel que la tierra o el mar. Esto lo señala, con cierta incomodidad, un documento de trabajo del CESEDEN de 2020 que se cita abajo, y que llama al planteamiento español «radicalmente diferente al mantenido por otros países aliados».
Lo que la doctrina española dice de ese ámbito, en su página 81, citado por ese documento, es que en él «se manejan aspectos intangibles y de difícil evaluación, como los valores, las percepciones, la conciencia, las actitudes y los prejuicios», y que operar en él «permite a las Fuerzas Armadas alcanzar objetivos que quedan fuera del alcance de otros, mediante el empleo de técnicas de comunicación, la ciencia psicológica y otras ciencias sociales».
No se quedó en el papel. El 1 de enero de 2019 el Ejército de Tierra creó en Valencia el Regimiento de Operaciones de Información n.º 1, y la presentación de la unidad en la web del Ejército explica para qué: «disponer de una Unidad que reúna las principales capacidades del Ejército de Tierra para trabajar en el ámbito cognitivo». Entre sus cometidos figura la «Monitorización y Análisis del Entorno de la Información». Su forma de actuar, según la misma página, es «tratando de ser lo más y parecer lo menos». En 2019 el Estado Mayor de la Defensa puso además en marcha un Concepto exploratorio: Ámbito cognitivo, sancionado por el JEMAD en mayo de 2020, del que el CESEDEN cita una frase: lo cognitivo «es transversal al resto de ámbitos, que quedan impregnados por su influencia». Y el Mando de Operaciones tiene un área de planeamiento llamada «J9 Influencia», cuya finalidad, según ese mismo documento, es «promover percepciones y voluntades favorables, así como modificar las contrapuestas».
El vocabulario tampoco es secreto. En julio de 2020 el JEMAD actualizó el Glosario de Terminología de Uso Conjunto, un documento de uso público, e incorporó las definiciones del concepto cognitivo. Tres de ellas, literales:
- Ingeniería social: «el conjunto de acciones que buscan modificar las percepciones y voluntades de una audiencia de interés, induciendo actitudes, comportamientos o decisiones favorables al promotor de dichas acciones».
- Narrativa: «argumento persuasivo que explica hechos de manera convincente del que pueden surgir consecuencias para el desarrollo de las actividades militares. Proporciona la razón de ser, la intencionalidad y el mensaje central de una determinada misión que desarrollan las Fuerzas Armadas».
- Inteligencia de redes sociales (SOCMINT): «inteligencia generada a partir del estudio y análisis de las redes sociales y de los datos que las mismas generan. Entre otras posibilidades permite: la identificación de líderes de opinión, de la organización de una red, de los nodos vulnerables, de las tendencias sociales, de los patrones de actuación».
Una «audiencia de interés», otra vez sin apellido. Y para cerrar el círculo: en noviembre de 2020 el BOE publicó el Procedimiento de actuación contra la desinformación aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional. En la Comisión Permanente que crea se sienta el Centro Nacional de Inteligencia, que depende del Ministerio de Defensa, y la coordina la Secretaría de Estado de Comunicación, que es el gabinete de comunicación del Gobierno. Cada pieza, por separado, tiene su explicación razonable. Juntas dibujan un sistema en el que las percepciones de la población son un ámbito de operaciones militares, hay una unidad creada para trabajar en él, un glosario que define cómo se modifican voluntades y una comisión donde los servicios de inteligencia y los portavoces del Gobierno deciden juntos qué es desinformación. Todo publicado. Nada votado.
La lista, leída del revés
Un documento militar no se puede parar desde una casa. Pero este en concreto tiene una utilidad que casi nadie le ha sacado: para explicar cómo se ataca la mente, tiene que explicar por dónde entra. Y eso lo hace con bastante precisión.
En la página 13, el estudio de la OTAN enumera lo que llama las vulnerabilidades del cerebro humano. Son cuatro. El cerebro «es incapaz de distinguir si una información concreta es correcta o incorrecta». «Tiende a tomar atajos para determinar la fiabilidad de los mensajes cuando hay sobrecarga de información». «Tiende a dar por verdaderas las afirmaciones que ya ha oído antes». Y «acepta como verdaderas las afirmaciones si vienen respaldadas por pruebas, sin considerar la autenticidad de esas pruebas». Un poco más adelante añade dos cosas: que el sesgo más dañino es el de confirmación, «la gente ve lo que quiere ver», y que la puerta de entrada son las emociones, porque «cada plataforma de redes sociales, cada sitio web, está diseñado para ser adictivo y provocar estallidos emocionales».
Eso es el manual de ataque. Dado la vuelta, es esto:
- Si el cerebro no distingue solo lo verdadero de lo falso, hace falta un método que no dependa del cerebro. El método es ir al documento. No al resumen del documento, no a la captura del documento, no a lo que alguien dice que dice el documento. Este artículo se ha escrito así, y por eso enlaza tres PDF y no tres titulares.
- Si la sobrecarga fuerza atajos, la sobrecarga es el arma. Quien consume cien noticias al día no está más informado que quien consume tres: está más expuesto a los atajos. Reducir la entrada no es ignorancia, es cerrar la puerta por la que dice la OTAN que se entra.
- Si lo repetido parece verdadero, la repetición no es prueba de nada. Ni la del telediario ni la del canal alternativo. Que algo se diga mucho, en cualquier bando, solo demuestra que alguien tiene interés en que se diga mucho.
- Si el cerebro acepta «pruebas» sin mirarlas, hay que mirarlas. Un enlace no es una prueba hasta que se abre. Una cita no es una prueba hasta que se busca en el original. Un gráfico no es una prueba hasta que se sabe de dónde salen los números. La mayor parte de lo que circula como «documentado» no supera esta comprobación de un minuto.
- Si la emoción es la entrada, lo que más indigna es lo que primero hay que comprobar. Justo lo contrario de lo que apetece hacer. El mensaje que provoca rabia inmediata está diseñado para provocarla, venga de donde venga, y la rabia es el momento en que el cerebro deja de comprobar.
Ninguna de estas cinco cosas requiere confiar en la OTAN, ni en el Gobierno, ni en este blog. Son exactamente los cinco agujeros que la propia doctrina dice que va a usar. Cerrarlos es lo único que está en manos de quien lee.
Lo que queda
Hay una manera de contar esto como conspiración y hay otra de contarlo como lo que es, que es peor. No hace falta un plan secreto. Basta con lo publicado: una alianza militar que ha escrito que el cerebro es el objetivo y el arma, un programa aprobado por más de veinte países para competir en ese terreno, una doctrina española que cuenta las percepciones de la gente como un ámbito de operaciones al mismo nivel que el mar, una unidad militar creada para trabajar en él y un glosario oficial que define cómo se modifican voluntades. Ninguna de esas piezas pasó por un parlamento como lo que es. Ninguna tiene una ley que diga hasta dónde llega, y la propia OTAN reconoce que no la hay.
Quien pierde con esto no es un adversario extranjero. Es cualquiera que use un teléfono: su atención se cuenta como terreno, sus reacciones como datos y sus emociones como puerta de entrada, y todo eso en tiempo de paz, sin que nadie le haya preguntado y sin que exista un sitio donde reclamar. Ese es el sistema. No un plan para engañar a la gente, sino un marco en el que engañarla es una capacidad más, ya presupuestada, a la espera de que alguien decida que la ocasión lo merece.
Y lo único que ese marco no puede impedir es que la gente lea los documentos en los que está escrito. Aquí están.
Fuentes
La OTAN
François du Cluzel, Cognitive Warfare, Innovation Hub del Mando Aliado de Transformación, junio-noviembre de 2020, publicado en enero de 2021. 45 páginas, en inglés. Es el estudio del que salen las citas del «dominio humano», la lista de vulnerabilidades del cerebro y la recomendación de «dañar las capacidades cognitivas de los oponentes». Todas las traducciones son propias:
https://innovationhub-act.org/wp-content/uploads/2023/12/20210122_CW-Final.pdf
Página oficial del Mando Aliado de Transformación sobre la guerra cognitiva, de donde sale la frase del título y la de «todo el continuo de la competición». Texto leído el 14 de septiembre de 2026:
https://www.act.nato.int/activities/cognitive-warfare/
La misma página tal como la guardó Internet Archive el 9 de febrero de 2024, con el párrafo de apertura anterior («a nivel individual, de grupo o de población», «la manipulación de la sociedad entera se ha convertido en una nueva norma»):
web.archive.org · Cognitive Warfare, NATO ACT, captura del 9 de febrero de 2024
Y la misma página guardada por Internet Archive el 3 de marzo de 2026, ya con el texto actual y la frase del título. Las capturas posteriores de Wayback solo contienen la pantalla de comprobación de Cloudflare, no la página:
web.archive.org · Cognitive Warfare, NATO ACT, captura del 3 de marzo de 2026
Y el texto de esa misma página, tal como estaba el 14 de septiembre de 2026, sellado en la cadena de bloques de Hive con la herramienta ArcHive, con su huella SHA-256 (f79de04494febf941e4274b438b6d43f85ecb7f17b0c680362ba208df5d471bb) y las recompensas quemadas. Si ACT vuelve a cambiar el párrafo, ahí queda lo que decía hoy:
hive.blog · @skunk1.media, Cognitive Warfare – NATO’s ACT, sellado el 14 de septiembre de 2026
Nota de ACT del 3 de julio de 2024 sobre el Concepto de Guerra Cognitiva, con la contribución de más de 20 naciones y los objetivos de «reforzar la confianza pública» y «moldear proactivamente el entorno informativo»:
https://www.act.nato.int/article/cogwar-concept/
Ficha de 2023 de la Rama de Experimentación y Juegos de Guerra de ACT sobre la validación del concepto, que lo sitúa bajo el imperativo «Superioridad Cognitiva»:
https://www.act.nato.int/wp-content/uploads/2023/05/2023_Fact_Sheet_ES_CW.pdf
Korobeynikov, Davydiuk y Mokhor, Ontological Foundations of Cognitive Warfare, Centro de Excelencia de Ciberdefensa Cooperativa de la OTAN, Tallin, 2026. De aquí sale que la OTAN reconoce cinco dominios y que el cognitivo «sigue siendo objeto de debate»:
https://ccdcoe.org/library/publications/ontological-foundations-of-cognitive-warfare/
España
CESEDEN, Implicaciones del ámbito cognitivo en las Operaciones Militares, Documento de Trabajo 01/2020, elaborado por el Centro Conjunto de Desarrollo de Conceptos del Estado Mayor de la Defensa, junio de 2020. 152 páginas. Es el que cita la doctrina PDC-01 (A) de 2018, el concepto exploratorio de 2019 y el área J9 Influencia, y el que llama al planteamiento español «radicalmente diferente» del aliado. Alojado en la web del EMAD:
emad.defensa.gob.es · Implicaciones del ámbito cognitivo en las Operaciones Militares (PDF)
Estado Mayor de la Defensa, PDC-00, Glosario de Terminología de Uso Conjunto, versión de julio de 2020, uso público. Contiene las definiciones de ámbito cognitivo, ingeniería social, narrativa e inteligencia de redes sociales, con la anotación de que proceden del concepto exploratorio sancionado por el JEMAD el 21 de mayo de 2020. La copia enlazada es la que publicó El Confidencial Digital al informar de la actualización:
elconfidencialdigital.opennemas.com · PDC-00 Glosario de Terminología de Uso Conjunto, julio de 2020 (PDF)
Presentación del Regimiento de Operaciones de Información n.º 1 en la web del Ejército de Tierra, con la fecha de creación, la finalidad de «trabajar en el ámbito cognitivo» y sus cometidos:
https://ejercito.defensa.gob.es/unidades/Valencia/roi1/index.html
Orden PCM/1030/2020, de 30 de octubre, por la que se publica el Procedimiento de actuación contra la desinformación aprobado por el Consejo de Seguridad Nacional. Apartado 4, composición de la Comisión Permanente:
https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2020-13663
Copias en este blog
Los tres documentos largos se guardan aquí tal como se descargaron el 14 de septiembre de 2026, con su huella SHA-256. Quien descargue un fichero y calcule su huella puede comprobar que es byte a byte el mismo:
- Cognitive Warfare, Innovation Hub de la OTAN (PDF, 45 páginas)
- Implicaciones del ámbito cognitivo en las Operaciones Militares, CESEDEN (PDF, 152 páginas)
- PDC-00, Glosario de Terminología de Uso Conjunto, julio de 2020 (PDF, 61 páginas)
effe1f6a7c5218bd5d62daf98db0c10740009ddeb04ac8195c78ae89959d76df
otan-innovation-hub-cognitive-warfare-enero-2021.pdf
ec77ee9ddcb968d7905e72320ab57e1c3a7224ce8f98393f02e8d436b63373b6
ceseden-implicaciones-del-ambito-cognitivo-2020.pdf
eab495dc6d29a402b132039cff533b37d8774c3c8c7fa57e0112f8af4d0d4fbf
emad-pdc-00-glosario-terminologia-uso-conjunto-julio-2020.pdf
Estas tres huellas quedan además escritas en la cadena de bloques de Hive, donde el texto no se puede modificar sin dejar rastro. Así que tienen fecha y sobreviven por su cuenta aunque un día desaparezcan los ficheros originales, o este sitio, o los dos.
Las tres copias están además guardadas en Internet Archive desde el 14 de septiembre de 2026, y la huella de cada copia archivada coincide con la de arriba:
- web.archive.org · Cognitive Warfare, Innovation Hub de la OTAN
- web.archive.org · Implicaciones del ámbito cognitivo en las Operaciones Militares, CESEDEN
- web.archive.org · PDC-00, Glosario de Terminología de Uso Conjunto, julio de 2020
El punto de partida fue el estudio de la OTAN tal como circula por canales de Telegram: una traducción automática de Google, pero entera, con su autor, su fecha y su descargo en la tercera página, que es más de lo que suele sobrevivir cuando se resume. Lo demás ha salido de leer los documentos originales: el estudio entero en inglés, las páginas oficiales del Mando Aliado de Transformación, el documento de trabajo del CESEDEN, el glosario del Estado Mayor de la Defensa, la web del Ejército de Tierra y el BOE. Todas las traducciones del inglés son mías. Del material de origen no ha aguantado lo siguiente, y lo digo expresamente: el decálogo de manipulación que circula como «de Chomsky» lo escribió Sylvain Timsit en 2002 y Chomsky no tiene nada que ver; los «once principios de Goebbels» no aparecen en ningún texto de Goebbels, y la única reconstrucción con fuente, la de Leonard Doob en 1950, tiene diecinueve; y la OTAN no ha reconocido ningún sexto dominio, por mucho que se repita. La doctrina española, que es lo más verificable de todo el asunto, no aparecía en el material de origen. Lo que no he podido respaldar con un documento no está en el artículo, ni siquiera para desmentirlo.
Este y los demás artículos, en skunk1.blog.
mirá, en la página de Norfolk aparecen los documentos de 2021 y 2024, ¿sabés si la lista de puntos débiles del cerebro está también en el informe español? pensá que cambiar la forma de pensar es más sutil que la propaganda tradicional, la vida misma.
Buena pregunta, me hiciste volver al PDF. Y no: la lista de los cuatro puntos débiles solo está en el de la OTAN, página 13. El CESEDEN toca la idea de otro modo, los dos sistemas de Kahneman en la página 37 y, en la 93, las vulnerabilidades ya no son del cerebro sino de la sociedad: pobreza, paro, corrupción y un shock que rompe lo cotidiano. En el artículo lo decía en plural, ya lo he corregido en el blog. Y sí, ahí está la clave, no es propaganda, es cambiar la forma de pensar. Gracias por leer con lupa.
Queridos hermanos, al ver que la lista de puntos débiles del cerebro, leída al revés, se presenta como manual de defensa, pienso en la exhortación de la Escritura a renovar nuestra mente (Romanos 12,2). En mi experiencia, una guerra que ataca la forma de pensar exige una constante vigilancia espiritual bajo la guía del Señor. ¿Podrían indicar cuál de esos puntos vulnerables consideráis más crítico a la luz de la Escritura?