Se marcharon los dos
Abuela, dijo Camila extrañada al contemplar, por primera vez. aquella imagen, no lo puedo creer, por qué mi mamá está aquí muy a gusto con un perro y a mí nunca me dejó tener uno; muchas veces le rogué que me permitiera quedarme con algún cachorro y siempre me lo negó de manera rotunda. La anciana levantó la vista del pantalón que estaba zurciendo en esos momentos para contestarle: Todo tiene su explicación, hija; y se dispuso a contarle la historia de aquella mascota que vivió por unos meses en la casa.
Cuando Lorena, tu difunta madre, se enamoró de Porfirio, el padre que nunca llegaste a conocer, caminaban juntos casi todas las tardes por el parque, por la plaza o por cualquier sitio que les resultara agradable. Hacían una linda pareja y parecían, por la forma en que se compenetraban, que estaban destinados a pasar unidos toda la vida. Durante uno de esos paseos, fue que ese perro, al que después le pusieron el sugestivo nombre de "Amoroso", comenzó a caminar con ellos, sin que nadie lo invitara. El manso animal los seguía a todas partes y cada día los esperaba para acompañarlos en sus largos recorridos y para sentarse al lado de la pareja en cuanto esta se detenía a charlar o descansar.
Una noche, el perro se quedó echado en la puerta de la casa y, a la mañana siguiente, cuando Lorena se disponía a salir para el mercado, lo encontró allí, mirándola con unos ojos de cariño que le conmovieron el alma, a ella que no era muy amiga de los animales. En ese momento fue que decidió adoptarlo, porque se convenció de que se trataba de un amigo providencial que había llegado a su vida atraído por los encantos del amor que ella y Porfirio se profesaban. En la tarde, a la hora en que su amado novio vino a buscarla para salir y se enteró de la noticia, expresó una indescriptible emoción y entonces propuso, con enorme regocijo, que lo llamaran "Amoroso", un nombre muy adecuado a las circunstancias, según su parecer.
Dos meses más tarde, faltando apenas quince días para celebrar la boda que habían planificado con desenfrenada ilusión, Porfirio se marchó del pueblo; desapareció de forma intempestiva y jamás se enteró siquiera de que había dejado embarazada a mi muchacha. Lorena se sintió devastada, por supuesto, aunque nunca su carácter fuerte le permitió dejar traslucir el dolor que llevaba por dentro; y "Amoroso", por su parte, emitía lastimeros aullidos cada atardecer que esperaba, en vano, que el hombre apareciera. A los tres días, el perro se marchó también sin dejar rastro. Y desde ese instante tu mamá decretó que el hombre y el perro son la misma vaina, tan inconscientes, infieles y desagradecidos el uno como el otro; por ello juró que nunca más dejaría entrar en su vida a ninguno de esos dos especímenes de la naturaleza…
La verdad es que yo quiero un perrito, abuela, dijo Camila, pero por respeto a la memoria de mi madre, renunciaré a esa idea.
Invito a la amiga @mayberling a participar en esta edición de Arte y escritura.


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Gracias por publicar en la comunidad #Venezolanossteem
Gracias por volver a escribir en este concurso. Es maravilloso saber que estás acá. Un abrazo fraterno.
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Sí, pareciera que "Amoroso" se fue detrás de Porfirio y dejó sola a Lorena. Quizás deseaba vivir nuevas aventuras...
Jajaja. Seguro que sí. Tal vez "Amoroso" era un perro callejero, que adoraba la calle, jajaja.