Mi Padre: Presidiario y Masón (parte 3)

in #mason • 2 months ago

Mi Padre: Presidiario y Masón (parte 3)
Proviene de parte 2

A modo de recapitulación: Vaya desde ya una síntesis del presente: es una descripción biográfica de la persona que la secta de la Masonería ha hecho de mi padre. Lo que haya sido de mi padre como persona en tanto persona, como toda secta (y la masonería es una muy eficaz), ha sido borrado y reescrito. Por lo tanto, quien lea estas líneas, no estará leyendo una biografía particular, sino que terminará por enfrentarse a una descripción conceptual de lo que es un masón, en tanto miembro de la secta-mafia de la Masonería.

  1. Muerte de Gerz: habiendo sido declarado enfermo, murió de cáncer óseo, según me refiriera mi padre en décadas después de haber preguntado yo por primera vez sobre la muerte de mi abuelo. Lo que sigue es casi un modus-operandi de la secta-mafia. El masón o los masones heredan, creman el cuerpo, y luego de deshacen de aquellas personas incómodas. Y las personas incómodas son las que hacen demasiadas preguntas sobre la muerte. A continuación enumeraré, sin entrar en ellos, el orden general de los pasos con los que la masonería suele fraguar la muerte de sus víctimas.

6.1. El primer paso consiste en aislar a la víctima. Para ello la masonería se ocupará de rodear a su víctima de otros miembros de la masonería, que sean sus amigos o pareja. Si hubiera miembros de su entorno cercano que no sean masones y además sean de una amistad fidedigna, se intentará separarlo de la víctima, introduciendo conflictos ficticios.

6.2. Una vez aislado, la víctima será declarada enferma. Así, se hace correr la voz por todo su entorno de su enfermedad.

6.3. Ya declarado enferma, la víctima será convencida (y lo mismo se hace correr por su entorno), de que su situación es terminal. En algunos casos, como en el de mi madre, sin que siquiera tuviese síntomas físicos severos que apoyen la gravedad del diagnóstico. Para todo esto, recurren a los numerosos miembros de la práctica médica que pertenecen a la secta de la Masonería.

6.4. Declarada enferma y terminal, la víctima será empujada a aceptar cuidados paliativos (internación en clínica privada de "confianza" u hospital estatal que tenga una consistente filiación con la masonería). De esta manera, la víctima queda en manos de su entorno para tomar cualquier decisión médica, puesto que permanecerá la mayor parte del tiempo sedada con el uso de la morfina.

6.5. En este punto, si no ha habido problemas en su entorno en aceptar su "enfermedad", "terminalidad" y "sedación", se inducirá químicamente la muerte.

6.6. Ya muerta, se hará todo lo posible porque los deudos, acepten la cremación de los restos de la víctima. Lo cual es probable dado que en 6.1. ya hemos dicho que la víctima había sido aislada y rodeada de masones.

6.7. Muerta y cremada la víctima, se dará paso a la herencia, y, probablemente, al cobro de seguros de vida que miembros de su entorno habían sacado sobre ella para obtener de dicha muerte un rédito económico. La misma herencia, intentará torcerse en favor de los miembros de la secta.

6.7.1. En el caso de la muerte de mi habuelo, Gerz Morduhay, fue mi padre, Gustavo Javier Morduhay, el beneficiado por la herencia (ya internada su hermana), que compartió con su madre Amelia Fernández. Sin embargo, el involucramiento de mi padre en la vida de la fábrica-taller, le hizo posible vender y endeudar la fábrica para quedarse con el dinero en efectivo para sí mismo. Y aunque nunca lo ha confesado de esta manera, sí ha dicho abiertamente, que luego de la muerte de mi abuelo, la fábrica incurrió en deudas y debió ser vendida. Y que era él quien estaba a la cabeza en aquellos días.

6.8. Finalmente, si hubiera algún miembro del entorno de la víctima que presente dudas o problemas, se procederá a declararlo insano mentalmente. Existiendo la posibilidad de fraguar una internación psiquiátrica compulsiva, como se ha señalado arriba en 4.1, 4.1.1 y 4.1.2.

6.8.1. En el caso del padre de Gustavo, fue su madre (Amelia Fernández) quien tuvo para con él las desavenencias que llevarían, por un lado, al encarcelamiento de mi padre, y por el otro, habiendo recuperado mi padre la libertad gracias a una sentencia acortada por las leyes de indulto presidencial del inicio de la democracia, la internación psiquiátrica compulsiva de Amelia.

Continua en parte 4