Culpas, culpas, las penas que son cadenas y muchas veces nos llevan hacia…
ESP:
"Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa"… dice la oración católica del Yo confieso para dejarnos meridianamente claro -porque además se debe acompañar con golpes en el pecho- que somos seres pecadores e imperfectos y que así, con humildad, entereza y arrepentimiento debemos reconocerlo. Antes de eso, declara también, que esos muchos pecados se han realizado "de pensamiento, palabra, obra y omisión", cuatro manifestaciones que, si las evaluamos con atención, nos daremos cuenta de que no nos dejan opciones: si callamos o hablamos, si obramos o dejamos de obrar, estamos de todas formas condenados; no hay manera de evadirse de las ofensas que podemos hacerles a Dios o a nuestros semejantes.
Pero también hay dentro del rito y de la mistagogía propias de los elementos cristianos, toda la teología y los aspectos de que esas culpas ya había sido reconocidas en público delante del Altar, o lo que en el mundo judío era el Santo Santorum.
Lo que provocaba presentarse para un afiemi tas amartía, o, es decir, un dolor de los pecados que realizamos.
Haciendo una analogía clara y directa es que cuando rendimos un examen a todo nivel, nos auto evaluamos o somos evaluados por una causa externa (docente, evaluador, etc.)
De allí que hay entendimientos de que Dios hace brillar su luz sobre buenos y malos. "Dios hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos.” (Mateo 5:45)
O más fuertes: que el justo, peca siete veces al día. Proverbios 24:16, que dice: "Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal".
De allí pueden verse en unas analogías de otras visiones que la culpa de los dioses.
Puesto que la culpa, al parecer, desde los más antiguos tiempos ha estado presente entre los seres humanos y si vamos a otras tradiciones inclusive no serían ni los mismos dioses seres exentos de ciertos actos de irresponsabilidad como castigos directos de sus actos.
Es más que de acuerdo con los planteamientos de algunos investigadores, en el trasfondo de la invención de los dioses o de cualquier divinidad como entidad superior se encuentran, entre otras cosas, las intenciones de evadir, o de minimizar al menos, las culpas; de reflejar nuestros errores en esas fuerzas supremas y ocultas que nos gobiernan pero que se someten a otros elementos.
Si pensamos, por ejemplo, en las peripecias que llevan a cabo los héroes griegos inmortalizados por Homero en la Ilíada, notaremos que todas sus acciones son guiadas por los dioses en último caso, y estos, por supuesto, a través de su poderosa influencia, inclinan la balanza de los resultados hacia sus personajes favoritos para determinar las victorias de esas batallas épicas justamente. Los hombres, desde esa perspectiva, solo son agentes destinados a cumplir la voluntad porque la visión griega es trágica y una forma de ver el tiempo bajo el destino y de tiempo circular, y hasta los caprichos, de las deidades del Olimpo y otras divinidades.
Por lo que todo cuanto ocurre, las masacres, las trampas, las traiciones, proviene de los designios de esos seres divinos, por lo tanto, los humanos de nada pueden tener culpa, su vida y su mundo están gobernados por los dioses.
Asumir la culpa...
Frente a estas diferentes posiciones, la equilibrada sensatez nos indica, sin embargo, que la existencia no se trata de un constante asedio de las culpas ni que estas se encuentran asociadas a las veleidades del destino o de las entidades superiores que escribieron de antemano nuestro itinerario aquí en la tierra. En un mundo tan dinámico y práctico como el de estos tiempos en que vivimos, herederos ya de cambios de esquemas culturales, sociales, religiosos, filosóficos justamente proveniente de ellos, sabemos que los errores, grandes o pequeños, son inevitables en nuestro incansable trajinar y que las culpas deben afrontarse con responsabilidad, intentando subsanar los daños ocasionados por nuestros fallos, con el propósito de aprender de ellos y continuar adelante.
Pero tampoco un actuar es una vivencia o actuar puramente mecánico como una fuerza que ejerce su acción a distancia o no sobre determinado cuerpo.
Por lo que las culpas, entonces, no se pueden convertir en un motivo de agobio o en una excusa incesante para detenernos en nuestro objetivo de ser mejores cada día; pero tampoco deben ser, como algunos pretenden, insignificancias que podemos obviar todo el tiempo, ya que todas, en menor o mayor grado, requieren que, de la más juiciosa manera, las asumamos; es decir, no podemos vivir dentro de un torbellino de culpabilidad porque resultaríamos psicológicamente afectados ni mucho menos ignorar por comodidad las culpas, ya que nos comportaríamos como seres inconscientes; lo ideal es, por supuesto, aceptarlas con equilibrada entereza.
Hay muchos aspectos propios y que podemos conocer y controlar hasta cierto punto, pero la mayoría no. Finalmente, tenemos en la práctica más de temas parecidos a los antiguos que a las pretensiones que algunos grupos puedan proponer.


