El adiós a Tito Jara y el futuro del teatro independiente en Asunción

in #spanish3 days ago

Front view of Teatro Astral in Montevideo, Uruguay, featuring urban architectural design.
Foto: Nikolai Kolosov / Pexels (CC0)

Apenas me enteré de la noticia, el teléfono sonó sin cesar. La madrugada del 23 de agosto de 2026, el actor y director Tito Jara, figura emblemática del teatro independiente, falleció en el Hospital San Roque a los 51 años. No hubo tiempo de despedida, pero sí una avalancha de mensajes que, para mí, dejaron claro cuánto había significado su obra para una generación de artistas que, como yo, empezamos entre bambalinas de la Casa de la Cultura.

Tito nació en 1975 en Lambaré y se formó en la Escuela de Arte de la Universidad Nacional de Asunción. En 2002 fundó Teatro de la Calle, una compañía que, sin depender de los subsidios oficiales, llevó obras como La luz de la esquina (estrenada en 2005 en el barrio San Roque) a plazas y parques. Según el archivo de la compañía, esa producción reunió a 120 espectadores en su primera función, un número modesto pero simbólico para una escena que siempre luchó contra la escasez de recursos.

Según datos oficiales del Ministerio de Cultura, en 2025 el presupuesto destinado a proyectos de teatro independiente alcanzó los 1.2 mil millones de guaraníes, un incremento del 8 % respecto al año anterior. Sin embargo, el mismo informe señala que solo el 12 % de esas cifras llegaron a grupos sin registro formal, como el de Tito. En mi caso, la falta de fondos obligó a improvisar con luces de bicicleta y a buscar patrocinio en cafeterías locales; recuerdo que en 2023 conseguimos una alianza con la cervecería artesanal Cerveza del Ypacaraí, que nos prestó una barra para montar un escenario en la Feria del Libro.

"El teatro independiente es la voz que no se compra con billetes de avión", dijo Tito en una entrevista a Última Hora en 2019. Esa frase se volvió un mantra para los que seguimos sus pasos.

Su muerte me obliga a reflexionar sobre la fragilidad del ecosistema cultural paraguayo. La falta de políticas sostenibles y la dependencia de eventos puntuales hacen que cada pérdida sea un golpe mortal. No quiero caer en la retórica política, pero sí es imposible ignorar que, mientras la cultura oficial se apoya en grandes festivales como el Festival del Guaraní, los grupos como Teatro de la Calle siguen luchando contra la invisibilidad.

Personalmente, pienso que la comunidad debe organizar un fondo de emergencia gestionado por la Asociación Paraguaya de Artes Escénicas (APAE). La propuesta sería recaudada a través de una cuota mensual de 10.000 guaraníes de cada artista activo y una campaña de crowdfunding dirigida a la diáspora paraguaya en España y Argentina. Con esa base, podríamos asegurar al menos un 30 % de los costos de producción y evitar que la ausencia de un solo referente como Tito provoque el colapso de otros proyectos.

En el último homenaje que se realizó en el Teatro Municipal el 26 de agosto, la directora de la compañía, Lucía Méndez, anunció que el próximo año se estrenará Eco de la calle, una obra escrita por Tito antes de su fallecimiento y que aborda la adicción punitiva que la sociedad impone a los artistas marginales. Ese título, que ya resonó en la prensa gracias a Paublino Escobar, muestra que la crítica de Tito sigue viva.

Para cerrar, me quedo con la certeza de que la escena independiente necesita más que palabras; necesita acción concreta. Cada vez que escucho el eco de los aplausos en una plaza vacía, recuerdo a Tito y me pregunto cuánto más podemos esperar antes de que la cultura sea una excepción, no la regla. La respuesta, para mí, está en la solidaridad diaria de los que amamos el escenario, aunque sea con una barra de cerveza y una lámpara de emergencia.