Siete y cuarenta de la mañana, con el tester en la mano

in #technology • 2 days ago

Siete y cuarenta de la mañana del sábado y ya estoy abajo de la mesa del living, con la linterna del celular en la boca porque la luz del techo no llega. La zapatilla de seis tomacorrientes está ahí, pegada a la pared, con el cargador de la notebook, el del teléfono y un adaptador que no sé ni para qué lo dejé enchufado. El tester marca 218 y después 216. Fluctúa. Poco, pero fluctúa.

El tema arrancó el jueves, cuando la notebook dejó de cargar por ratos. Pensé lo obvio: el cargador se está muriendo. Compré uno nuevo, de 65W, y el problema siguió igual. Ahí ya me picó la curiosidad, porque no es lo mismo cambiar una pieza que entender por qué se rompe.

Así que hoy vine con el tester y con paciencia. Desenchufé todo, puse la zapatilla sola contra la pared y volví a medir. 217, 219, 216. La aguja del tester digital baila como si tuviera frío. Una caída de tres voltios en un rato no es normal, o mejor dicho, no debería serlo. Me quedé mirando el cable de la zapatilla, ese que va del enchufe al cuerpo de plástico, y noté algo que no había visto nunca: el cable estaba tibio. No caliente, tibio. A las ocho de la mañana, con dos aparatos conectados y ninguno prendido.

Agarré el tramo con la mano. Sí, tibio. Le pasé el dedo por toda la extensión y en un punto, a unos veinte centímetros de la ficha, el plástico se sentía distinto. Más blando. Como chicle viejo.

Ahí me quedé un segundo, sentado en el piso, con la zapatilla en las rodillas. Es de esas que compré en el mercado de abasto hace tres años, de marca que no conozco, con un interruptor que hace un clic medio flojo. Nunca le di bola. Enchufé y listo, como todos.

zapatilla de seis tomacorrientes con un cargador y un tester digital al lado
Foto: OjO Turro / Pexels (CC0)

Lo que me tiene pensando no es la zapatilla. Es que estuve a punto de comprar un cargador nuevo, otra vez, por un problema que estaba en el cable de la extensión. La notebook no cargaba mal porque el cargador fuera malo, sino porque la tensión le llegaba inestable. Y yo, tranquilo, culpando a la pieza de arriba nomás.

Medí otra vez. 215. Bajó. Y el cable seguía tibio.

Lo que voy a hacer, cuando termine de escribir esto, es cortar ese tramo y ver cómo está el cobre adentro. Si está negro o verdoso, ya sé la respuesta. Si está limpio, me quedan dudas y voy a tener que revisar la instalación de la casa, que es de esas viejas, con cables de sección generosa y veinte años encima.

Igual te digo, no es la primera vez que me pasa. La mayoría de los problemas que me llegan al taller no están en el aparato caro, sino en el cable barato que va antes. Y uno siempre mira para arriba, para el lado de la marca, del modelo, del precio. Nadie mira para abajo, donde está la ficha que hace contacto con dos patitas de bronce y una lengüeta que se dobla sola.

El tester marca 214 y el reloj de la cocina hace un ruido de fondo, ese tic que se escucha cuando todo lo demás está en silencio. Afuera ya pasó el camión de la basura. El cable sigue tibio entre mis dedos.