Un flaco me cobró 5 dólares por dormir en un sofá y salí ganando

Foto: Ketut Subiyanto / Pexels (CC0)
Anoche, mientras esperaba que saliera el agua caliente en el baño compartido del hostel de Asunción, escuché a un pibe argentino hablar por teléfono con la novia. Decía que por fin había encontrado un lugar a 5 dólares la noche en Medellín, pero que era un sofá en el living de una casa de familia. Y bueno, me quedé con esa cifra dando vueltas en la cabeza, porque justo esta semana me topé con la lista de los 5 destinos más baratos de Sudamérica para viajar con menos de $5 por día. Casi me río. Cinco dólares por día en Sudamérica en 2026 es soñar despierto, o es dormir en un sofá. Las dos cosas.
Igual hay que reconocer que hay de todo. Un pibe de Colombia que conocí en el hostel me mostró su cuaderno y tenía anotado un promedio de 18 dólares diarios entre Salento, Medellín y Santa Marta, cocinando casi siempre y moviéndose en buses locales. Otra chica, brasileña, venía de Bolivia y me dijo que en Sucre y Potosí no pasaba de 12 dólares por día. Ahí sí te creo. La diferencia no la hacen los países enteros, la hacen las ciudades y el tipo de viajero. En Cusco con 30 dólares por día vivís, en Lima no. En Asunción, la verdad, no lo tengo claro todavía, porque acá un almuerzo en el mercado te sale 15 mil guaraníes y en el centro te cobran 50 mil por lo mismo. Depende de dónde te sentás, literalmente.
Booking lanzó un listado de los meses más económicos para moverse por Latinoamérica y, sin ser dueño de la verdad, tiene bastante sentido. Abril y mayo, según lo que leí, son más baratos que julio o enero. En Paraguay eso se nota: en Semana Santa los precios se van al cielo y después de la primera semana de mayo las cosas se calman. Yo hice el Chaco en septiembre del año pasado y pagué la mitad de lo que me habría salido en enero. Así que si estás pensando en armar un viaje largo, no lo arranques en temporada alta. Suena obvio, pero casi nadie lo aplica cuando se entusiasma.
¿Qué haría yo si arrancás con poco? Primero, elegí dos o tres ciudades y quedate ahí más tiempo del que pensabas. Los pasajes largos son los que te funden, no el alojamiento. Segundo, cociná. Suena aburrido pero un guiso de fideos con tomate y cebolla te cuesta 8 mil guaraníes y te llena. Y tercero, llevá un cuaderno, aunque sea chiquito, para anotar lo que gastás. No para controlarte, sino para saber qué te hace feliz y qué no. A mí me pasó que descubrí que pagar 20 mil por una entrada a un museo me da más placer que 20 mil en cerveza. Cada uno con su tema.
Mañana me toca pagar la pieza otra vez y todavía no sé si quedarme o salir a ver el río. Pero el sofá de ese pibe en Medellín me dejó pensando. A veces el presupuesto no se trata de gastar menos, se trata de decidir mejor dónde duele menos gastar.