El día que vi a Carlos leer con IA y descubrí que no estamos leyendo

Foto: Abdiel Hernandez Villegas / Pexels (CC0)
Ayer, 2 de septiembre de 2026, me instalé en la zona de coworking de La Casa del Libro en Asunción para terminar un capítulo de Los Pichiciegos de Augusto Roa Bastos. A pocos metros, Carlos, un compañero de la oficina, hojeaba su Kindle y, sin pasar la página, pulsaba una tecla que le mostraba un resumen generado por ChatGPT. Mientras yo luchaba con la tinta y el papel, él absorbía 200 palabras condensadas en segundos.
Ese pequeño acto me recordó el informe del Instituto Nacional de Estadística que publiqué el mes pasado: en 2025, el 68 % de los lectores paraguayos usó alguna herramienta de IA para “acelerar” la lectura, pero sólo el 32 % terminó el libro que empezó. La diferencia no es casual; la velocidad se ha convertido en excusa para no profundizar. Yo mismo intenté leer El túnel de Ernesto Sabato con los resúmenes de Perplexity y, al final, sólo recordaba la frase “el hombre es una bestia que se cree Dios”. No había sentido la angustia de los personajes ni la tensión del argumento.
Hace tres meses, me dejé convencer por la promesa de “ganar tiempo” y descargué la versión resumida de Cien años de soledad en la app LibrAI. El algoritmo me entregó una lista de 12 viñetas y, al cerrar la pantalla, el eco de Macondo se había evaporado. Un estudio reciente de la Universidad Nacional de Asunción, publicado en la revista Neurociencia y Lectura, mostró que la lectura profunda activa el hipocampo y la corteza prefrontal, mientras que los resúmenes sólo estimulan la corteza visual. En otras palabras, la experiencia cognitiva se reduce a un vistazo rápido.
Si quieres recuperar la verdadera lectura, prueba lo siguiente: (1) elige un libro físico que no haya sido digitalizado; (2) programa una alarma de 30 minutos y apaga cualquier notificación; (3) abre un cuaderno y escribe una frase que resuma cada página; (4) al terminar, revisa tus notas y formula una pregunta que te obligue a buscar la respuesta en el texto. No uses el botón de “resumen” hasta que hayas completado al menos la mitad del libro; así el cerebro ya habrá creado sus propias conexiones.
Al final del día, prefiero el polvo de las páginas a la claridad instantánea de la IA. La frustración de volver a un párrafo difícil me recuerda que el esfuerzo es parte del aprendizaje, no un obstáculo que se pueda eliminar.