La fila del supermercado un sábado a la mañana y una pulseada por el celular

in #familia • 11 days ago

papá con sus dos hijos empujando el carrito en la fila del supermercado
Foto: Gustavo Fring / Pexels (CC0)

Sábado, 24 de octubre, 9 y algo de la mañana. Fui al super con los dos chicos porque la idea era "hacer las compras juntos, como equipo". Lindo en teoría. En la fila de la caja 4, con el carrito lleno y el nene de 9 años pidiéndome el celular para "mirar una cosa" y la nena de 7 tironeándome la remera para pedir un alfajor, me agarró esa sensación de que estoy haciendo todo mal y al mismo tiempo nada grave.

Fijate que la fila del super es el mejor lugar del mundo para mirar cómo crían otros. Atrás mío una mamá le daba el celular a su hijo de unos 4 años para que se quedara quieto. El chico se quedó hipnotizado, la mamá pudo descargar el carrito tranquila, y a mí me pareció razonable, te soy sincero. Yo también lo hice mil veces. Adelante, una abuela con su nieto le hablaba de los precios, le hacía contar las naranjas, y el pibe estaba entretenidísimo con esa cuenta absurda de cuánto salía el kilo.

Ahí me quedé pensando en esa diferencia. No en la vieja discusión de pantallas sí o pantallas no, que ya me tiene un poco cansado. Pensé en algo más chico: en qué momento elegimos darles el teléfono y en qué momento elegimos darles una tarea. Porque las dos cosas funcionan, pero una te saca a tu hijo de la escena y la otra lo mete adentro.

Yo no tengo nada contra el celular, que quede claro. Hay días en que la vida en casa es un caos y el teléfono es el único bombero disponible. Pero noté que mi hijo, cuando está aburrido de verdad, se pone insoportable un rato y después aparece algo. La otra vez, en una sala de espera larguísima, terminó armando una torre con las revistas del canasto. Se aburrió veinte minutos y después inventó. Cuando le doy pantalla, ese momento nunca llega.

Leí hace unos días en las noticias, de esas cosas que salen cuando se publica un estudio, que a varias familias les preocupa más el manejo del tiempo libre y las pantallas que las notas del cole. No me sorprendió nada. En el patio del colegio el tema aparece siempre, y casi nunca aparece el tema de las notas con la angustia con la que aparecía antes. Ojo, capaz que estoy mirando una muestra chiquita, del barrio, de mi burbuja.

Igual te digo algo que me parece más importante que la pantalla en sí: el aburrimiento tiene mala fama y es un recurso. A los chicos de mi casa les cuesta horrores aburrirse. Se quejan. Y cuando terminan de quejarse, a veces les sale algo lindo. Una tarde mi hija de 7 se aburrió tanto que armó un "menú" para la cena en una hoja cuadriculada, con dibujos de la sopa y todo. Ese día cenamos lo que ella había dibujado. Salió regular, pero la cara de dueña del asunto que tenía no te la cambio por nada.

Entonces, ¿qué hago con la fila del super? Lo que me funcionó hoy, y no siempre funciona, es darle al nene una tarea concreta a él también. "Contame cuántas cosas rojas hay en el carrito". Pavada. Pero se engancha. Y la nena se engancha si le digo que ella es la que controla si la cajera cobra bien. Se pone seria como un auditor. Son dos segundos de invención mía y me compran diez minutos de paz y de estar todos mirándonos a la cara.

Si recién arrancás con esto y te sirve, yo empezaría por lo más simple: la próxima vez que estés en una cola o en una sala de espera, en vez de sacar el teléfono, dale a tu hijo una tarea chiquita y real. Contar, comparar, elegir, buscar. No hace falta que sea educativa ni que tenga un propósito pedagógico. Que sea algo que de verdad necesitás que pase, o que sea puro juego, da igual.

Y el otro consejo, que me lo estoy aplicando: no lo conviertas en cruzada. Si un día el celular es la única salida porque estás cansado, está bien. Nadie cría con manual y el que te dice que nunca le dio pantalla a su hijo en una fila del super o no fue al super o te está mintiendo.

En casa estamos probando algo nuevo desde la semana pasada: una hora sin pantallas después de la merienda, y no para los chicos. Para todos. Incluidos nosotros. Se pone complicado, porque yo tengo cosas del trabajo que miro a cada rato, pero los chicos notan cuando el teléfono del papá también está guardado. Eso es lo que más me está costando, y eso que la idea la tiré yo.

Al final la fila de la caja 4 salió bien. Pagué, cargamos las bolsas, el nene iba contando las rojas y la nena se olvidó del alfajor. Hasta la próxima compra, que seguro sale distinto.

Las anécdotas de este post son inventadas para ilustrar el tema; lo que importa es la idea de fondo.