El kiosco de la costanera de Encarnación que cierra cuando el río se pone marrón

in #finanzas • 18 days ago

Ayer a la tarde estaba en la costanera de Encarnación, ese tramo nuevo que va desde la ex estación hasta la playa San José, y me encontré con una cosa que no esperaba: el kiosco de don Virgilio tenía la persiana a media asta a las cuatro de la tarde. Un viernes. Con sol. Con la gente caminando igual.

Me acerqué porque quería comprar una Coca y el hombre me dijo, sin levantar mucho la vista del diario, "hoy no abro, está sucio el río".

Le pregunté qué tenía que ver una cosa con la otra y ahí me explicó lo que para mí fue el dato del día. Cuando la represa Itaipú suelta agua, o cuando llueve fuerte en la cuenca alta del Paraná, el río se pone marrón chocolate y arrastra todo. Ese sedimento, dice él, le tapa los filtros de la máquina de café y le arruina el hielo. No es que no quiera vender. Es que no puede. Veintitrés años lleva ahí y aprendió a leer el color del agua como yo leo la pantalla del celular.

Lo que me llamó la atención es que nadie más parecía notarlo. La costanera estaba llena, los chicos corriendo, las motos, los que van a pescar al murallón. El río marrón pasaba abajo como si nada y todos seguían con su viernes. Y está bien, tampoco es que el mundo se va a detener, pero a mí me quedó dando vueltas esa idea de que hay oficios que dependen de cosas que el resto ni registra.

Vista de la costanera de Encarnación junto al río Paraná
Foto: Avenida Costanera, Playa San José Encarnción / Wikimedia Commons

Don Virgilio me contó que el año pasado, con la crecida de octubre, estuvo once días sin abrir. Once. Y que igual no se queja, porque dice que el río le dio todo. Que su padre vendía empanadas en la misma esquina cuando la costanera era un terraplén de tierra y llegaban los barcos de Buenos Aires a cargar madera. Ahí me di cuenta de que no estaba hablando con un kiosquero, estaba hablando con la memoria viva de la ciudad.

Me quedé un rato más, sentado en el pasto, mirando el agua. Es raro ver el Paraná así, opaco, con ese tono que no es ni amarillo ni marrón, algo entre los dos. La gente de Encarnación le dice "el río se puso feo" y listo. Pero hay una explicación concreta, tiene que ver con el caudal ecológico que liberan desde la represa y con la cantidad de sedimento que baja desde Brasil. Lo leí hace un tiempo en un informe de la EBY y ahora, viéndolo, entiendo mejor.

Si andás por la zona, mi consejo es simple: no te guíes por el color del agua para decidir si bajás a la costanera. Bajá igual, caminá hasta la playa San José, mirá el puente internacional desde la punta y después acercate al kiosco de don Virgilio cuando la persiana esté arriba. Pedile un tereré con yuyos. Él te va a preguntar de dónde sos y va a terminar contándote alguna historia de cuando esto era otra cosa. Eso, para mí, vale más que cualquier folleto turístico.

Y si el río está marrón, no insistas con el café. Ya te va a avisar él.