El sendero de barro que me llevó a las Cataratas del Acaray y cambió mi sábado

Foto: Gabii Fernandez / Pexels
Apenas había cruzado el puente San Roque a las 09:45 del 5 de septiembre de 2026, el tráfico de la Ruta 2 se volvió un mar de luces rojas. Me aburría y, de repente, recordé que el mapa de mi celular marcaba una ruta de acceso a las Cataratas del Acaray que nunca había probado. Decidí seguir la señal de “Desvío Acaray” y, en menos de 30 minutos, el asfalto dio paso a un sendero de barro que serpenteaba entre palmeras y arbustos de guayacán. El aire olía a tierra mojada y el sonido del río ya se escuchaba antes de ver la primera espuma.
El guía que me encontró al inicio del camino se llamaba Luis, un joven de 28 años que trabaja en el parque nacional desde 2019. Me explicó que el tramo de 2.3 km que atraviesa la selva está recién rehabilitado, pero que el barro sigue siendo el protagonista del desafío. Mientras caminábamos, Luis me contó que la caída de agua tiene 15 metros de altura y que, según registros del Instituto Nacional de Turismo, recibió 12.800 visitantes el año pasado, un 18 % más que en 2025. "Es un sitio que la gente pasa por alto porque está a solo 45 min de Ciudad del Este", me dijo, y yo pensé que había encontrado un tesoro escondido.
Al llegar al mirador, el panorama era increíble: la cortina de agua caía sobre una poza de aguas cristalinas, rodeada de rocas cubiertas de musgo verde. Un grupo de niños locales jugaba a lanzar piedras y, a la orilla, una familia de turistas argentinos sacaba fotos con sus drones. No pude evitar sacar mi cámara y capturar la escena; miren esto, la luz del sol se filtraba entre la niebla como si fuera un cuadro. Después de un rato, Luis me llevó a una pequeña hamaca que había bajo un árbol de lapacho, donde probé un chipá guasu recién horneado que vendía una mujer llamada Carmen, que decía llevar la receta de su abuela desde 1952.
Si querés repetir la experiencia, el plan más sencillo es: 1) alquilar un coche en Asunción y tomar la Ruta 2 hacia el este; 2) en el kilómetro 340 buscar la señal “Desvío Acaray”, girar a la derecha y seguir el camino de tierra; 3) llevar calzado de trekking y una botella de agua de 1 litro; 4) reservar 2 horas para la caminata y 30 minutos para descansar en el mirador. El ingreso al parque cuesta G 10 para residentes y G 25 para extranjeros, y se paga en efectivo al llegar al puesto de control.
Al volver a la ciudad, el tráfico ya estaba despejado y la sensación de haber descubierto algo fuera de lo habitual me acompañó todo el camino. Valió la pena desviarme de la autopista; la combinación de aventura, historia y sabor local hizo que el sábado se convirtiera en una mini‑escapada perfecta.
En conclusión, la próxima vez que el tráfico te agobie, recordá que una pista de barro puede llevarte a una de las joyas más sorprendentes del Paraguay. No se lo pierdan, la naturaleza allí es un regalo que pocos turistas llegan a apreciar.
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