En Areguá el mejor momento para comprar fresas es cuando los turistas se van a almorzar

in #finanzas • 8 days ago

puesto de fresas en la calle que sube hacia la iglesia de Areguá
Foto: Areguá Vista aérea / Wikimedia Commons

El sábado pasado llegué a Areguá tipo once y media de la mañana y la ruta ya estaba llena de autos con chapa de Asunción. Yo iba por las fresas, no voy a mentir, hacía semanas que quería volver al puesto de doña Ramona que está antes del arroyo, sobre la calle que sube hacia la iglesia. Miren esto: el camino estaba tan lleno que el auto casi no podía pasar entre las camionetas estacionadas en doble fila.

Me bajé, caminé los últimos metros y me encontré con que todos los puestos estaban atendidos por dos o tres personas a la vez, con colas de gente esperando su bandejita. Doña Ramona me vio y me hizo señas de que espere. Esperé. Y esperé. Cuando por fin me tocó el turno, me dijo bajito, como quien confiesa algo: «Volvé a la una y media, que a esa hora se van todos a comer y yo te atiendo bien». Le hice caso.

Volví a la una y cuarenta. La calle estaba vacía, el sol pegaba fuerte y el único ruido era el de una moto que pasaba cada tanto. Doña Ramona tenía las bandejas intactas, recién armadas, y me dejó elegir. Me llevé dos kilos de fresa a 15 mil el kilo, cuando en la mañana la habían estado vendiendo a 20 mil. No es que ella baje el precio por la tarde, ojo, es que a la mañana el que viene de Asunción paga lo que sea con tal de no volver con las manos vacías. Y ella lo sabe.

Eso me dejó pensando en algo que vengo notando desde hace años: en Areguá, y en casi todos los pueblos turísticos de Paraguay, el horario del turista y el horario del que vive ahí no coinciden nunca. El turista llega a media mañana, almuerza al mediodía, se va a la siesta. El aregüeño, en cambio, madruga, arma las bandejas, atiende el primer pico y después baja un cambio. La una y media es la hora muerta. La hora en que el pueblo vuelve a ser del pueblo.

Si van a Areguá un fin de semana, yo les diría que no lleguen antes de las diez. No vale la pena. Vayan tipo once y media, aguanten la cola si quieren la experiencia completa, o mejor todavía: vayan después de la una y media, cuando el sol está alto y las bandejas siguen llenas. Van a pagar menos, van a charlar más con la gente del puesto y van a ver el pueblo como es de verdad, sin la capa de autos y de gente apurada encima. Eso sí, no vayan después de las cuatro, que ya empiezan a guardar.

La fresa de Areguá es otra cosa, no tiene comparación con la que viene de afuera, y no lo digo por patriotismo de pueblo. Lo digo porque el sabor cambia según la hora en que la comprás, según quién te la vendió y según si te la comés ahí mismo, parado en la vereda, con el jugo corriéndote por la muñeca. Eso no lo consigue ninguna feria de turismo.

A mí me gusta ir a la una y media. Es mi horario. Puede que esté equivocado y que el que madruga se lleve la mejor fresa, pero yo prefiero la calle vacía y la charla tranquila con doña Ramona.