Almirón metió dos y yo me quedé pensando en lo raro que es este equipo

Foto: Miguel Cuenca / Pexels (CC0)
Ayer a la tarde estaba en el laburo, mirando el celular a escondidas abajo del mostrador, cuando veo la notificación: Paraguay 2, Bolivia 0. Doblete de Almirón. Lo primero que hice fue mandarle un audio a mi hermano que vive en Luque, casi gritando. Él me contestó con un sticker de esos que ni sabés qué significan. Pero bueno, la cosa es que Paraguay ganó y yo me quedé con una sensación rara, no del todo contenta.
Mirá, el partido lo vi después completo, porque no me iba a perder los goles. Un amistoso en fecha FIFA es eso: un ensayo, un trámite, un partido que a nadie le cambia la vida. Pero igual uno lo mira. Yo lo miré. Y no sé si me convenció.
Almirón está en un momento de esos que no se dan seguido. Dos goles, uno de ellos al minuto 12 del primer tiempo creo, no me acuerdo bien, andá a saber. Lo que sí recuerdo es que salió en el resumen que vi en YouTube y el tipo corre como si tuviera veinte años. Y ya tiene sus cuántos. Eso es lo que me llama la atención de Miguel: hace diez años debutaba en Cerro y ahora es el que define partidos con la camiseta albirroja. No es un goleador de área, no es un nueve de esos que esperan el centro. Es un volante que aparece de atrás, que corre todo el partido, que a veces se equivoca en el último pase pero que nunca deja de intentar. Ese tipo de jugador es el que te salva en un amistoso aburrido.
Ahora, seamos sinceros: Bolivia en un amistoso no es una medida real de nada. Y lo digo con todo respeto, eh, porque los bolivianos en La Paz son otra cosa completamente distinta. Pero en Asunción, en un partido de estos, sin público en las tribunas, con el equipo mezclado, no te dice si Paraguay está para pelear la clasificación o para sufrir. Yo vi el partido y vi cosas buenas y cosas que me dejaron frío.
Lo bueno: el mediocampo tuvo movilidad. Cubas y Villasanti se entienden, se pasan la pelota corta, no se desesperan. Eso es algo que hace dos años no teníamos. Antes el mediocampo era un desierto, un lugar por donde pasaban los rivales sin que nadie los moleste. Ahora hay quite, hay salida limpia, hay criterio. Almirón apareciendo por la derecha, Enciso por la izquierda cuando entra, los laterales que suben con ganas. Hay una idea.
Lo malo: la defensa sigue siendo un flan. Y no es culpa de un solo tipo, es un problema de todo el bloque. En el segundo tiempo Bolivia tuvo dos claras, una que se fue al palo y otra que Balbuena sacó de la línea, creo que fue Balbuena, o Alderete, no me acuerdo. Eso no puede pasar. Un equipo serio no se relaja 2-0 arriba contra nadie.
Y acá es donde me pongo a pensar en algo que vengo rumiando hace semanas: ¿a quién le sirve este tipo de partidos? Porque a Alfaro, bueno, le sirve para probar gente, para ver cómo responde Fulano en una posición nueva, para darle minutos a los que no juegan en sus clubes. Pero a nosotros, a los hinchas, nos deja en una nebulosa. Ganamos, sí. Pero no sé si estamos mejor que el año pasado.
Lo vi a Alfaro en la conferencia, después del partido, y dijo algo que me quedó dando vueltas. Dijo que "hoy es fácil sumarse a la selección de Paraguay, hoy todos quieren venir". Y tiene razón, pero esa frase tiene dos filos. Por un lado es bueno: los jugadores quieren estar, hay compromiso, la camiseta pesa. Por el otro, es un mensaje para los que se bajaron antes, para los que en los años flacos inventaban una lesión y se quedaban en Europa. La selección es un club de conveniencia, siempre lo fue. Los que vinieron cuando nadie venía son los que hoy bancan el proyecto.
Hablando de cosas raras: vi que salió la noticia de que Gustavo Alfaro eligió el último equipo de su carrera. No sé si será cierto, no sé si será humo, pero si es verdad que el ciclo de Alfaro en la selección es su última parada antes del retiro, eso le da otra dimensión a todo. Un técnico que sabe que está cerrando un capítulo pone todo. O por lo menos debería. Yo quiero creer que sí.
Pero volvamos al partido. Hay algo que no me cierra del todo y lo digo acá, aunque capaz me equivoque. Me parece que este equipo todavía no sabe qué hacer cuando el partido se pone feo. Cuando el rival te presiona arriba, cuando el árbitro no cobra, cuando el público se impacienta. En los amistosos todo es prolijo, todos corren, todos aplauden. En las eliminatorias es otra cosa. En las eliminatorias te juegan con el alma, con los codos, con lo que sea. Y nosotros ahí, históricamente, nos quedamos cortos.
Por eso, si me preguntás a mí, lo que Paraguay necesita no es otro amistoso contra Bolivia. Necesita jugar contra Brasil, contra Argentina, contra Uruguay, y que le duela. Que le metan tres, si hace falta. Que aprenda de la cachetada. Los amistosos cómodos no enseñan nada. Te dan confianza falsa, que es peor que la desconfianza.
Ahora, algo práctico para el que lee esto y quiere ver el próximo partido con otros ojos. Cuando veas a Paraguay, no mires solo la pelota. Mirá a los jugadores sin pelota. Mirá cómo se mueve el equipo cuando la tiene el rival. Eso te dice más que cualquier gol. Si ves que las líneas están juntas, que hay presión coordinada, que los volantes vuelven a marcar, bueno, eso es señal de que algo está funcionando. Si ves que la defensa queda sola, que los delanteros se plantan y no bajan, ahí ya sabés que en un partido serio te van a hacer daño.
Y si querés algo todavía más concreto: buscá los partidos de las eliminatorias pasadas en YouTube, los que perdimos, y mirá los goles del rival. Fijate de dónde vienen los centros, quién llega tarde, quién pierde la marca. Te sorprende lo que aprendés viendo esas cosas. Yo lo hice el año pasado y me cambió la manera de ver los partidos.
A mí Almirón me cae bien, siempre me cayó bien. Es un tipo de barrio, de esos que salen del fútbol paraguayo sin hacer ruido y después triunfan afuera. Y cuando mete un gol con la albirroja, se le nota que lo siente. Eso no se puede comprar. Un jugador que siente la camiseta vale por dos.
Pero un tipo no hace un equipo. Y dos goles en un amistoso no tapan veinte problemas. Eso es lo que me quedó dando vueltas anoche después de ver el resumen. Ganamos, sí, y está bueno ganar. Pero yo quiero ver a este Paraguay ganarle a alguien que de verdad quiera ganarnos.