El día que mi viejo me hizo ver Paraguay vs Bolivia en un bar de Asunción y casi nos echan

in #football • 3 days ago

Front view of the Estadio de Béisbol 18 de Junio, highlighting the stadium entrances in Montería, Colombia.
Foto: Robin Ramos / Pexels (CC0)

Ayer domingo, mientras esperaba que arranque el partido de Paraguay contra Bolivia en Washington, me acordé de algo que me pasó hace unos años en un bar de la avenida Mcal. López, cerca de la Plaza Uruguaya. Mi viejo me había arrastrado ahí para ver un amistoso contra los bolivianos, un partido que en teoría no valía nada, de esos que se juegan en fecha FIFA y nadie se acuerda del resultado. Pero el viejo, que ya tiene 68 años y sigue yendo a la cancha cuando puede, se puso la camiseta de la Albirroja y me dijo: "Hoy no se pierde, ni en un amistoso". Terminamos gritando un gol de penal como si fuera una final, y el dueño del bar, un señor llamado Don Ramón que ya falleció, nos miraba desde la caja moviendo la cabeza entre risa y bronca porque habíamos volcado una jarra de cerveza sobre la mesa del fondo.

Esa misma sensación tuve hoy cuando me enteré de que Paraguay juega contra Bolivia en Washington, un amistoso intencional de fecha FIFA 2026. Digo "me enteré" porque la verdad, con tanto partido falopa de fecha FIFA, uno ya no sabe ni cuándo juega la selección. Lo vi en las noticias de Google, en un titular que decía que el partido es hoy y que se juega en Estados Unidos. Y me quedé pensando: ¿a quién se le ocurre jugar un amistoso contra Bolivia en Washington? ¿No era más lógico jugarlo en Santa Cruz o en Asunción? Pero bueno, la plata manda, y si a los dirigentes les conviene llevar el equipo a Norteamérica para que los paraguayos que viven allá llenen el estadio, se hace nomás. No hay mucha vuelta que darle.

Igual, te soy sincero, ese partido me genera algo. No es un partido cualquiera. Bolivia es un rival que históricamente nos complicó, sobre todo en La Paz, donde el ahogo de la altura te mata. Pero en cancha neutral, o en Estados Unidos, la cosa cambia. Ahí el que corre más y el que tiene mejor técnica se impone. Y Paraguay, en los últimos años, ha demostrado que puede competir de igual a igual con cualquiera, incluso con los bolivianos que vienen creciendo con esa generación de chicos que juegan en el exterior.

Ahora, ¿qué espero del partido de hoy? Mirá, yo no soy técnico ni mucho menos, pero tengo mis mañas. Me gustaría ver a un Paraguay con presión alta, que no se meta atrás como hace a veces, que es lo que más me revienta. No me gusta cuando el equipo se refugia en su área y aguanta el 0-0 como si fuera un triunfo. Eso no es la garra paraguaya que yo conozco, esa que se ve en los barrios cuando los pibes juegan descalzos en la calle y no se rinden nunca. Para mí, hay que salir a atacar desde el primer minuto, aunque sea un amistoso. Porque los amistosos también sirven para construir una identidad, y si vos jugás a la defensiva en un partido que no vale puntos, ¿qué identidad estás construyendo?

Ojo, no digo que hay que ser suicida. Digo que hay que ser inteligente. Presionar arriba, recuperar rápido la pelota, y cuando la tengas, no tirarla a la tribuna como si fuera una bomba. Eso es lo que me gustaría ver. Y si perdemos, bueno, perdemos. Pero que se vea actitud. Que se vea que los muchachos dejaron todo en la cancha. Eso es lo que el hincha paraguayo quiere, más allá del resultado.

Hablando de resultados, hay un dato que me llamó la atención. Leí en las noticias que Colombia, nuestro próximo rival, igualó con México en otro amistoso. Eso me hace pensar que los colombianos tampoco están en su mejor momento, o que están probando variantes. No sé, puede que esté equivocado, pero a veces los amistosos sirven más para ver a los nuevos que para sacar conclusiones definitivas. Lo que sí sé es que Paraguay tiene que aprovechar estos partidos para aceitar el equipo de cara a las eliminatorias y, por qué no, al Mundial 2026. Porque si vamos a ir al Mundial, no podemos ir a pasear. Hay que ir a competir, como lo hizo la selección del 2010, que nos hizo soñar a todos.

Y hablando de sueños, me puse a pensar en los Juegos Suramericanos, donde Chile juega con Paraguay en semifinales del fútbol masculino. Eso también es hoy, o bueno, en estos días. Y ahí sí que hay que ganar. Porque un oro en los Suramericanos no es poca cosa. Es una medalla que se queda para siempre, y que además sirve para que los pibes de la sub-20 o sub-23 agarren rodaje internacional. No es lo mismo jugar un amistoso que jugar una semifinal con medalla en juego. Ahí los nervios son otros, y el que la aguanta, gana.

Volviendo al partido de hoy, ¿sabés qué es lo que más me gusta? Que es domingo, que es de tarde, y que puedo sentarme en el sillón con una cerveza bien fría y ver a la Albirroja. Aunque sea un amistoso contra Bolivia en Washington, para mí es un planazo. Porque el fútbol es eso: una excusa para juntarse, para gritar, para sufrir y para alegrarse. No importa si el partido es en el Defensores del Chaco o en un estadio de la MLS. Lo que importa es que juega Paraguay, y eso ya es motivo suficiente para prestar atención.

Y si me preguntás a mí, te digo que hoy ganamos. No sé por cuánto, pero ganamos. Porque Bolivia en cancha neutral no es lo mismo que Bolivia en La Paz. Y porque Paraguay, cuando se lo propone, tiene equipo para ganarle a cualquiera. Eso sí, si perdemos, no me voy a rasgar las vestiduras. Ya estoy vacunado contra las decepciones. Pero igual, la ilusión nunca se pierde. Es lo lindo del fútbol: siempre te da una nueva oportunidad para creer.

Ahora, si alguien que leyó esto quiere un consejo práctico, le digo lo que hago yo: agarrá una libreta o el celular, y anotá tres cosas que querés ver en el partido. Puede ser "que juegue tal pibe", "que presionen arriba", "que no se meta atrás". Y después, cuando termine el partido, fijate si se cumplieron. Es un ejercicio simple que te hace mirar el fútbol con más atención, y de paso te sirve para entender mejor cómo juega tu equipo. Yo lo hago desde hace años, y te juro que aprendí un montón. No es que me convertí en técnico, pero al menos ahora sé por qué me gusta o no me gusta lo que veo.

Otra cosa que podés hacer es juntarte con un amigo a ver el partido, pero no en silencio. Hablá, discutí, opiná. El fútbol es un deporte social, y las mejores charlas salen de un partido. A mí me pasó con mi viejo en ese bar de la Mcal. López, y todavía me acuerdo de esa tarde como si fuera hoy. Por eso te digo: no importa si el partido es un amistoso falopa. Lo que importa es con quién lo ves y qué sentís cuando la pelota entra.

Y bueno, ya me fui por las ramas. Pero así soy yo cuando hablo de fútbol. Me emociono, me acuerdo de cosas, y termino escribiendo más de lo que pensaba. Igual, creo que vale la pena. Porque el fútbol, para los paraguayos, no es solo un deporte. Es una parte de nuestra identidad, de nuestra historia, de nuestra forma de ser. Y aunque a veces nos duela, siempre volvemos. Siempre estamos ahí, esperando el próximo partido, la próxima alegría, el próximo grito de gol.

Así que hoy, a la hora que sea, voy a estar frente a la tele, con la camiseta puesta y una cerveza en la mano, alentando a Paraguay. Y si ganamos, mejor. Y si no, ya vendrán tiempos mejores. Pero mientras haya fútbol, hay esperanza. Y eso, para mí, no tiene precio.