Mi pequeño ritual de la caminata de 15 minutos después del almuerzo

in #life27 days ago

Hoy, domingo 23 de agosto de 2026, me desperté con la misma rutina de siempre: café de la cafetera de la oficina y la lista de tareas que parece nunca acabar. Entre los informes que tenía que revisar para el cliente de Asunción, el proyecto de la ONG "Manos Unidas" y una reunión a las 14:00 sobre la campaña de reciclaje, sentía que el tiempo me escapaba. Fue entonces cuando recordé la charla de mi amiga María, que trabaja en la sede de la empresa en Calle Palma, sobre su "caminata de media hora" después del almuerzo. Decidí probar, aunque fuera solo 15 minutos, para ver si me ayudaba a despejar la cabeza.

Salí del edificio a las 13:45, calcé mis Nike Air Zoom que compré en la tienda de la zona el mes pasado (¡qué comodidad!), y me dirigí al parque Ñu Guasu, justo al otro lado de la avenida Mariscal López. El aire estaba fresco, y el sonido de los niños jugando en el tobogán me recordó que la vida no siempre tiene que ser tan seria. Mientras caminaba, pensé en los pequeños momentos que suelen pasar desapercibidos: el olor a pasto recién regado, la sonrisa de la señora que vende empanadas en la esquina (se llama Carmen, y siempre tiene una de esas empanadas de carne y queso que me hacen sentir en casa).

Lo que me funcionó fue simplemente respirar con intención. No hice una sesión de cardio intensa ni me puse a contar pasos; solo me concentré en el ritmo de mi respiración y en los pasos que daba. Al volver a la oficina, noté que la reunión de las 14:00 transcurrió con menos tensión. Me sentí más presente, y logré aportar ideas que antes me habrían costado sacar del cajón.

"A veces, una pausa breve es todo lo que necesitas para reencontrarte con tu energía" – frase que anoté en mi agenda después de la caminata.

A classical pavilion in Parque Rodó, Montevideo during winter.
Foto: Pavel Mudarra / Pexels (CC0)

Después de la primera prueba, establecí mi propio horario: salir a las 13:45 todos los días, caminar hasta el parque y regresar antes de las 14:15. No ha sido fácil los primeros días; hubo una tarde en la que la lluvia me obligó a quedarme en la oficina y sentirme un poco frustrada. Pero descubrí que incluso una caminata bajo un paraguas puede ser reconfortante si te permites observar el ritmo de la lluvia.

Este pequeño hábito ha cambiado mi forma de ver el trabajo. Ya no me siento atrapada en la silla durante ocho horas seguidas. En su lugar, tengo un momento para mí, un respiro que me recuerda que cuidar de uno mismo no tiene que ser una maratón de gimnasio, sino un gesto sencillo que encaja en el día a día.

Si aún no lo has probado, te invito a que busques un tramo de calle o un parque cercano que esté a menos de 10 minutos de tu oficina o casa. No importa si solo son cinco minutos; lo importante es la intención de desconectar y volver con la mente más clara. Yo seguiré ajustando mi rutina, quizás añadiendo una breve sesión de estiramiento en mi escritorio antes de la caminata. Por ahora, mi cuerpo y mi mente me agradecen este pequeño regalo diario.

Así que, la próxima vez que el reloj marque la hora del almuerzo, considera darle una oportunidad a una caminata corta. No prometo resultados milagrosos, pero sí una sensación de bienestar que, para mí, ha sido suficiente para seguir adelante con una sonrisa.