El kivevé que casi tiro porque mi hermana dijo que era de zapallo dulce y yo no le creí

Foto: Vintage Lenses / Pexels (CC0)
El sábado estaba en el mercado 4 mirando los zapallos cuando una señora me dice "llevá ese, que es el de kivevé". Yo ahí nomás pensé, che, kivevé con zapallo dulce y zapallo común, hay lío. Compré igual, no me iba a quedar con la duda.
En casa el zapallo quedó esperando dos días porque el domingo tuvimos asado en lo de mi tía Gladys, en San Lorenzo, y entre la carne y el tereré nadie iba a cocinar un plato de esos. Recién el lunes, con la cocina libre, me puse.
La receta la tengo de mi abuela, escrita a lápiz en una hoja que ya está medio transparente. Dice: zapallo, harina de maíz, queso Paraguay, cebolla, un poco de leche, sal. Nada más. Pero cuando lo conté en el grupo de la familia, mi hermana me saltó con que el kivevé se hace con zapallo dulce y no con el común. Yo me quedé con la duda porque las dos versiones existen, la verdad.
Lo que hice fue prepararlo con el zapallo que me vendió la señora del mercado 4, ese grandote medio verdoso por fuera y bien anaranjado por dentro. Lo herví primero, unos 25 minutos, hasta que el tenedor entraba sin pelear. Después lo pisé con tenedor, no licuadora, porque la textura distinta se nota, queda más rústico y a mí me gusta así.
Ahí viene el paso que más me costó entender: la harina de maíz. Le puse tres cucharadas al puré todavía caliente y revolví rápido, porque si se enfría se forman grumos que después no hay manera de sacar. Esto no lo tengo claro del todo, puede que con dos cucharadas alcance, pero a mí me quedó bien con tres.
El queso Paraguay va rallado al final, con el fuego apagado. Unos 150 gramos para medio zapallo grande. Si le ponés de ese queso fresco que venden en bolsita, cambia todo el sabor. No es lo mismo, ojo con eso.
La cebolla la sofreí aparte en un poco de aceite, hasta que quedó transparente, y después la mezclé con el puré. Un chorrito de leche para que no quede tan espeso, y a la olla de nuevo, a fuego bajo, revolviendo unos cinco minutos más. Ahí ya está.
Quedó genial. Lo comimos caliente, con un poco de pan, y al día siguiente frío también estaba bueno, aunque mi marido dice que el kivevé frío es un pecado. Puede ser.
Ahora, si alguien quiere probarlo y no sabe por dónde arrancar, yo empezaría por el zapallo común, el que se usa para el vori vori, no el dulce. Es más fácil de encontrar en cualquier mercado de acá y el resultado es el que yo conozco desde chica. Después, cuando ya le tomás la mano, probá con el dulce y sacá tus conclusiones.
Lo que sí no te recomiendo es apurarlo. El kivevé pide paciencia, sobre todo en el momento de mezclar la harina. Si lo hacés con apuro, quedan grumos y ya no hay vuelta.
Mi hermana, igual, sigue sosteniendo que era con zapallo dulce. La próxima vez la invito a cocinar juntas y vemos quién tiene razón, porque discutir por mensaje no lleva a nada.