La vez que la sopa paraguaya me salió con gusto a vorí vorí y no era lo que esperaba

Foto: Abdullah Öğük / Pexels (CC0)
El sábado pasado me levanté con ganas de sopa paraguaya. Mi hija me había pedido para el almuerzo, y yo, sin dudarlo, saqué la harina de maíz, el queso Paraguay y la grasa de cerdo. Pero cuando abrí la alacena, me di cuenta de que no tenía suficiente queso Paraguay. Solo quedaba un pedazo pequeño, como de 200 gramos, y la receta pide 500. Miré el reloj, eran las 8:30 de la mañana, y el mercado 4 estaba a 15 minutos en auto. No tenía ganas de salir. Así que decidí improvisar: mezclé el queso que había con un poco de queso fresco de vaca que tenía en la heladera. Quedó una mezcla rara, pero pensé que no se iba a notar.
A la hora de hornear, la cocina olía rico. Pero cuando la saqué, la textura no era la misma. La sopa paraguaya tiene que quedar húmeda, con ese gustito a queso fuerte, y esta quedó más seca y con un sabor suave, casi como a vorí vorí. Mi hija la probó y me dijo: “Mamá, ¿le pusiste otra cosa?”. Y yo, con la boca llena, le contesté: “Es una variación”. Pero la verdad es que no me convenció.
Al otro día, hablando con mi vecina, me contó que a ella le pasó algo parecido cuando se quedó sin queso. Me dijo que ahora ella siempre congela un poco de queso Paraguay rallado, así nunca le falta. Y me dio un tip: si no hay queso, se puede agregar un poco de leche en polvo disuelta en agua para darle cremosidad. No lo probé todavía, pero me quedó la idea dando vueltas.
Lo cierto es que la sopa paraguaya es una de esas recetas que no perdonan mucho. Lleva su tiempo y su técnica. Yo la hago desde que tengo 20 años, y siempre me sale bien cuando sigo la receta al pie de la letra. Esta vez quise ahorrar tiempo y me salió mal. Igual no la tiré: la comimos con un café bien cargado a la tarde, y hasta mi marido dijo que estaba rica, pero que no era sopa paraguaya. Y tiene razón.
Si te pasa como a mí, que te falta un ingrediente, mi consejo es que no improvises con la sopa paraguaya. Mejor dejá la receta para otro día y hacé algo más simple, como un revuelto de queso con huevo. O salí a comprar el queso que falta. Porque la sopa paraguaya es una cosa seria, y no es cuestión de andar cambiándole la mitad de los ingredientes.
Y bueno, así son las cosas en la cocina. Un día te sale todo perfecto y al otro te queda un experimento. Lo importante es no perder las ganas de cocinar, aunque a veces el resultado no sea el esperado.
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Gracias por el upvote, fuli. Justo en este post contaba que la sopa me salió con gusto a vorí vorí por no tener los 500 gramos de queso Paraguay, así que imaginate la cara de mi hija cuando la probó.
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