En el mercado me dijeron que el café subió otra vez y la culpa no es del ferretero de turno

in #politics • 6 days ago

contenedores apilados en un puerto con grúas al fondo
Foto: Igor Passchier / Pexels (CC0)

Ayer martes, temprano, pasé por el mercado de abasto a comprar café y la señora que atiende hace veinte años me dijo que esta semana había subido otros mil guaraníes el kilo. No la culpa de ella, me aclaró antes de que yo pudiera rezongar. Me quedé con la bolsita en la mano pensando en una noticia que vengo siguiendo desde hace días: Lula ganó de nuevo en Brasil y su reelección ya está moviendo el tablero económico de la región, aunque acá todavía no la sintamos en el bolsillo de forma directa.

Lo leí en varios portales internacionales y lo escuché en la radio camino al trabajo. Brasil es el principal socio comercial de Paraguay, el destino de buena parte de nuestra soja, de nuestra carne y de la energía de Itaipú. Cuando cambia el gobierno del vecino más grande, los precios de lo que exportamos se mueven, y también los del combustible que sale de las refinerías brasileñas. No es teoría. Es el diésel que carga el transporte de la mercadería que después llega a mi feria con sobreprecio.

El dato concreto: Lula prometió mantener la política de contenido de precios de los combustibles en Petrobras, algo que en la campaña dejó entrever con más fuerza. Si eso se sostiene, el gasoil brasileño no debería dispararse tanto y acá el flete no se nos iría de las manos. Si lo cambia, ojo con esto, el impacto se siente en dos o tres semanas en los pasillos del mercado. Traducido a guaraníes, puede ser la diferencia entre un flete de 1.200.000 y uno de 1.500.000 para un viaje Asunción–Ciudad del Este. En una carga chica, es plata.

La repercusión más clara está en la soja y en la carne. Si Brasil decide cerrar menos el mercado interno y exportar más, los precios internacionales pueden bajar un poco, y eso a los productores paraguayos les pega directo. Si en cambio opta por priorizar su consumo interno y restringir exportaciones, el precio del grano sube y el productor celebra. La lección que deja es que lo que pasa en Brasilia llega acá en forma de precio de la bolsa o de la góndola, casi siempre antes de que el gobierno de turno lo anuncie.

A mí me hace pensar en cómo miramos la política internacional. Nos acostumbramos a leer los titulares de lejos, como si fuera un deporte de otros. Pero el resultado de una elección en San Pablo se convierte en el precio del diésel que mueve el tomate desde Itapúa hasta Asunción. No es que Lula tenga la culpa del café caro, por supuesto. Pero sí importa qué hace con el combustible, con los aranceles y con el comercio con sus vecinos.

Algo práctico que puedo sacar en limpio: si vas a comprar mercadería para el mes, o si tenés un pequeño emprendimiento que depende del flete, vale la pena mirar una vez por semana los titulares económicos de Brasil. No para hacer futurología, sino para entender de dónde viene el sobreprecio que te cobran. Yo empecé a hacerlo hace unos meses y, te soy sincero, cambió mi forma de leer el recibo del transporte.

Igual te digo, no tengo del todo claro cuánto de esta suba del café es por Brasil y cuánto por la especulación de los comerciantes locales. Puede que esté mezclando cosas. Pero la conexión existe y conviene tenerla en el radar.

Che, si el precio del kilo de café sigue así, voy a tener que pasarme al mate nomás. Y no lo digo en broma.