Sábado a la mañana, la radio de fondo y el café que no bajó

in #politics • 2 days ago

Sábado, poco después de las ocho. Estaba con la pava en el fuego y la radio prendida de fondo, más por costumbre que por otra cosa, cuando el locutor empezó a hablar del G20. No le presté mucha atención al principio, la verdad, porque esas cumbres siempre me suenan a foto de familia. Pero después repitió una palabra que me hizo levantar la cabeza: comercio.

Lo que pasó, para el que no lo siguió: se juntaron los cancilleres del G20 en Atlanta, y entre los temas que salieron estuvo el proteccionismo. Lo leí después en un par de portales, porque la radio lo despachó en veinte segundos y yo quería entender. La cosa es que el comercio internacional sigue creciendo, pero más despacio, y los aranceles que se vienen poniendo de un lado y del otro están frenando el ritmo. Eso es todo lo que dice el titular. Lo interesante es lo que hay atrás.

Te soy sincero, cuando escucho "aranceles" en la radio pienso en oficinas lejanas, en gente de traje que no conoce mi barrio. Pero el arancel es un impuesto, y los impuestos los paga alguien. Si a una empresa le cobran más para meter su mercadería en un país, lo más probable es que ese costo termine en el precio de la góndola. No siempre, ojo, a veces la empresa se come el margen para no perder clientes. Pero la tendencia es esa.

Acá en Paraguay no fabricamos casi nada de lo que consumimos en el día a día. El aceite, los repuestos del auto, la ropa, buena parte de los electrodomésticos, todo llega de afuera. Así que cuando en el mundo se pelean por aranceles, el temblor nos llega, aunque sea de refilón. No con la fuerza de un país grande, pero llega.

delegados reunidos en una cumbre internacional con pantallas de datos económicos
Foto: Guerrero De la Luz / Pexels (CC0)

Lo que más me llamó la atención fue un detalle que leí en un análisis: el comercio global creció, sí, pero por debajo de lo que se esperaba hace un año. Y eso no es que el mundo dejó de comprar, es que compra con más cuidado. Las empresas grandes, las que mueven contenedores enteros, están diversificando. Ya no dependen de una sola ruta ni de un solo proveedor. Eso cambia el mapa de los puertos y, aunque parezca mentira, cambia lo que paga el transportista que después le cobra al almacén de la esquina.

Esto no lo tengo del todo claro, pero me da la impresión de que el mundo se está partiendo en bloques. Y cuando el mundo se parte en bloques, el que queda en el medio, como nosotros, tiene que aprender a caminar por la grieta sin perder el equilibrio. No es una posición cómoda. Tampoco es nueva: Paraguay vivió siglos haciendo equilibrio entre vecinos grandes. La diferencia es que ahora el equilibrio es más caro, porque cada bloque quiere cobrarle peaje al que pasa.

La pregunta que me quedó dando vueltas, mientras revolvía el café, fue simple: si el comercio se frena, ¿quién lo paga? Y la respuesta, aunque no me guste, es que lo pagamos los que estamos al final de la cadena. No de golpe ni con una factura que diga "arancel". Se paga de a poquito, en el flete que sube, en el repuesto que tarda un mes más, en el precio del aceite que sube cincuenta guaraníes y nadie te explica por qué.

Lo que sí me queda como aprendizaje, y perdón si suena a obviedad, es que las cumbres que parecen lejanas no lo son tanto. No digo que haya que seguir el G20 minuto a minuto, ni mucho menos. Digo que cuando un canciller habla de comercio en Atlanta, en algún momento eso va a tocar el precio de algo que compro en la despensa del barrio. No sé cuándo ni cuánto. Pero toca.

Apagué la radio y me tomé el café. Estaba un poco frío, como siempre me pasa cuando me quedo escuchando.