El valor de quedarse cuando todos se van

in #spanish • 6 days ago

El otro día mi hijo me preguntó por qué existimos. No supe qué responderle. Me quedé mirándolo un rato y le dije: "Para amarnos, supongo". Él asintió y siguió jugando. A veces los niños dicen más con una pregunta que nosotros con un discurso.

A veces uno cree que la fe es tener certezas. Pero la fe verdadera es seguir caminando cuando no ves nada. Es poner un pie delante del otro sin saber dónde termina el camino. Y confiar en que alguien más grande que uno va marcando la ruta. Eso no es debilidad, es valentía.

Hay personas que llegan a nuestra vida y se quedan. Otras pasan y dejan una enseñanza. Ambas son importantes. A veces cuesta soltar, pero cuando soltás, las manos quedan libres para recibir lo nuevo. Aferrarse a lo que ya fue es como querer agarrar agua con las manos.

La vida da vueltas. Lo que hoy duele, mañana puede tener sentido. Lo que hoy parece un final, mañana puede ser un comienzo. Cuestión de tiempo, de fe, de seguir caminando aunque no se vea el destino. Lo importante es no quedarse quieto.

La rutina puede ser un refugio o una cárcel. Depende de cómo la vivas. Si la rutina te da paz y orden, es un refugio. Si te quita la vida y la alegría, es una cárcel. Evaluar de vez en cuando si estamos viviendo o simplemente funcionando es importante.

Leí en algún lado que el alma tiene hambre de silencio. Y es cierto. Pasamos el día rodeados de ruido: notificaciones, bocinas, conversaciones, televisión. El silencio incomoda porque en el silencio te encontrás con vos mismo. Y a veces ese encuentro es incómodo. Pero es necesario.

El otro día venía en el colectivo y vi a una señora mayor sonriendo sola mirando su teléfono. Una foto de su nieto, seguro. Y pensé: la felicidad está en esos momentos chiquitos que nadie filma. Nos rompemos la cabeza buscando grandes alegrías y hay una señora en el bondi que ya la encontró.

No todo se resuelve con prisa. Algunas cosas necesitan tiempo. Como la fruta en el árbol, hay que esperar que madure. Forzar no sirve. Confiar, sí. Y mientras tanto, vivir. Porque la vida no pasa solo cuando llegamos al destino, pasa también en el camino.

Uno tiene que aprender a estar bien solo antes de poder estar bien con otros. Si necesitás de la compañía constante para sentirte completo, algo está desbalanceado. La soledad elegida es diferente a la soledad impuesta. Ambas enseñan cosas distintas.

Hay heridas que no se ven. Las que no sangran. Las que llevamos adentro y no mostramos porque no hay curita que las tape. A veces las arrastramos años. Pero sanar no es olvidar, es aprender a llevar la cicatriz sin que duela. Y eso también lleva tiempo.

Hay una presión terrible por mostrar una vida perfecta. En redes, en las conversaciones, en las fotos. Todos felices, todos exitosos. Pero la realidad es que todos cargamos algo. Una preocupación, un miedo, una historia que no contamos. Está bien no estar bien. Está bien decirlo.

Me pasa que a veces quiero tener todo controlado y cuando algo se sale de lo previsto me desarmo. Pero la vida es así nomás, impredecible. Aceptar que no todo depende de uno es un alivio. Soltar el control no es rendirse, es dejar de pelearse con lo que no se puede cambiar.

La vida no siempre da lo que uno pide, pero siempre da lo que uno necesita. A veces la respuesta es no, y ese no abre una puerta que uno no veía. Otras veces el silencio es la respuesta más clara que existe. Aprender a escuchar es parte del camino.

A veces las palabras llegan cuando más se necesitan. Ojalá esta te haya llegado en el momento justo.


Contenido original para Steemit.