Lo que nos mantiene de pie

in #spanishyesterday

A veces uno cree que la fe es tener certezas. Pero la fe verdadera es seguir caminando cuando no ves nada. Es poner un pie delante del otro sin saber dónde termina el camino. Y confiar en que alguien más grande que uno va marcando la ruta. Eso no es debilidad, es valentía.

La vida no siempre da lo que uno pide, pero siempre da lo que uno necesita. A veces la respuesta es no, y ese no abre una puerta que uno no veía. Otras veces el silencio es la respuesta más clara que existe. Aprender a escuchar es parte del camino.

Hay personas que llegan a nuestra vida y se quedan. Otras pasan y dejan una enseñanza. Ambas son importantes. A veces cuesta soltar, pero cuando soltás, las manos quedan libres para recibir lo nuevo. Aferrarse a lo que ya fue es como querer agarrar agua con las manos.

La rutina puede ser un refugio o una cárcel. Depende de cómo la vivas. Si la rutina te da paz y orden, es un refugio. Si te quita la vida y la alegría, es una cárcel. Evaluar de vez en cuando si estamos viviendo o simplemente funcionando es importante.

No todo se resuelve con prisa. Algunas cosas necesitan tiempo. Como la fruta en el árbol, hay que esperar que madure. Forzar no sirve. Confiar, sí. Y mientras tanto, vivir. Porque la vida no pasa solo cuando llegamos al destino, pasa también en el camino.

Mi abuela decía que los problemas se achican cuando los compartís. Al principio no la entendía, pero con los años vi que tenía razón. Hablar de lo que pesa no es debilidad, es sabiduría. Guardarlo todo adentro es lo que realmente destruye.

Hay días en los que uno siente que todo pesa. Las responsabilidades, las deudas, las relaciones. Y en medio de eso, cuesta encontrar un momento de paz. Pero justo ahí, cuando parece que no se puede más, algo pequeño pasa. Un mensaje, una canción, el amanecer. Y te acordás de que no todo está perdido.

El otro día venía en el colectivo y vi a una señora mayor sonriendo sola mirando su teléfono. Una foto de su nieto, seguro. Y pensé: la felicidad está en esos momentos chiquitos que nadie filma. Nos rompemos la cabeza buscando grandes alegrías y hay una señora en el bondi que ya la encontró.

Uno vive persiguiendo respuestas afuera, cuando las más importantes están adentro. El silencio asusta porque te deja a solas con lo que sos. Pero es justo ahí donde podés escuchar lo que realmente importa. No le tengas miedo al silencio.

Me di cuenta de que las mejores conversaciones que tuve en la vida no fueron planificadas. Fueron esas charlas espontáneas a las 2 de la mañana, esas caminatas donde todo fluía, esas meriendas que se extendieron hasta la cena. La magia no se planifica.

Anoche no podía dormir y me puse a pensar en todas las cosas que me faltan. La casa más grande, el auto nuevo, las vacaciones soñadas. Y de repente escuché a mi hijo reírse dormido. Y me di cuenta de que tengo lo único que realmente importa. El resto es ruido.

Uno tiene que aprender a estar bien solo antes de poder estar bien con otros. Si necesitás de la compañía constante para sentirte completo, algo está desbalanceado. La soledad elegida es diferente a la soledad impuesta. Ambas enseñan cosas distintas.

A veces estamos tan ocupados mirando lo que nos falta que no vemos lo que tenemos. La salud, la familia, el techo, la comida. No hace falta tener mucho para agradecer. Solo hace falta detenerse un momento y mirar alrededor. La vida está llena de cosas simples que valen oro, pero las pasamos por alto porque andamos corriendo.

Ojalá esta reflexión te sirva tanto como a mí al escribirla.


Contenido original para Steemit.