Tres tornillos sueltos en el ventilador de San Leopoldo

in #spanish6 days ago

Hoy domingo 13 de septiembre nos juntamos a las ocho de la mañana en la parroquia San Leopoldo, acá en Fernando de la Mora. Hacía un calor pegajoso de casi 32 grados y el ventilador de pared, un aparato viejísimo colgado a la izquierda del altar, no paraba de hacer ruido. Le faltaban tres tornillos en la rejilla protectora y el metal chocaba contra la chapa con un clack-clack seco que retumbaba en las paredes de ladrillo visto.

Durante los primeros veinte minutos confieso que me desconcentré del todo. Miraba la hélice girar despareja, pensaba en buscar una escalera al terminar y ajustar esa lata infame para que todos pudiéramos escuchar tranquilos. En un momento giré la cabeza y lo vi a Don Rubén, que tiene 72 años y vive a tres cuadras de mi casa sobre la calle Usher Ríos. El tipo estaba sentado con su termo Yacaré entre las piernas, con la Biblia abierta sobre las rodillas, ajeno por completo al barullo del ventilador. Tenía la cara tranquila de quien encontró algo mucho más pesado y firme donde apoyar el pensamiento.

Ahí me cayó la ficha. Nos pasamos la semana entera enganchados con el ruido de fondo. Que el precio de la nafta volvió a subir en la estación de la esquina, que el vecino puso la música fuerte, que las cuentas no cierran exactas a fin de mes. Es la vida misma haciéndonos vibrar los nervios como ese marco metálico suelto. Nos concentramos tanto en arreglar el detalle molesto del momento que se nos pasa de largo lo que de verdad importa.

Serene church interior featuring wooden pews and beautiful lighting casting shadows through windows.
Foto: Nikko Tan / Pexels (CC0)

Leí hace unos días un artículo sobre deportistas que leen breves pasajes antes de competir para no enloquecer con la presión del estadio. Y pensá un poco: nosotros jugamos un partido parecido todos los días en la calle. Si no afirmás la cabeza en algo más grande, cualquier ruidito exterior te saca de juego. El apóstol Pablo lo dejó escrito de una forma sencillísima en su carta a los Filipenses: «No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias». Es así nomás, no tiene mucha ciencia pero cuesta un Perú llevarlo a la práctica cuando el entorno te aturde.

Si sentís que las distracciones te están comiendo la paciencia esta semana, probá este cambio chiquito desde mañana lunes. Antes de agarrar el celular apenas te despertás para mirar notificaciones o grupos de trabajo, dejalo en la cocina. Servite un mate o un café, sentate diez minutos en la mesa con la Biblia o un cuaderno, y anotá una sola preocupación que vas a entregarle a Dios esa jornada. Una sola. Decí en voz alta que de eso no te vas a hacer cargo vos hoy.

Al final la misa terminó y el ventilador siguió haciendo su barullo habitual todo el camino de salida. La diferencia fue que Don Rubén salió sonriendo por la puerta lateral y yo entendí que la paz no es que todo funcione perfecto a tu alrededor, sino saber dónde poner la mirada.