Hoy me di cuenta de que mi equipo me obedece rápido, y eso no es lo mismo que confiar en mí

in #spanish • 15 days ago

Esta mañana, temprano, con el mate todavía caliente, le pedí a alguien de mi equipo que se encargara de un trámite que normalmente hago yo. Me dijo que sí antes de que terminara la frase. Y ahí me quedé pensando, medio incómodo, porque la respuesta fue tan rápida que sonó casi a reflejo.

Hace unos días me crucé con uno de esos titulares sobre liderazgo y autonomía, de esos que salen en las noticias de empresas y eventos. Lo leí de costado, sin darle mucha bola. Pero la idea me quedó dando vueltas: hablaba de equipos que trabajan con más confianza y menos control. Y yo, la verdad, siempre me consideré un jefe bastante tranquilo. Hasta que hoy vi esa respuesta instantánea y me pregunté si no estaré confundiendo obediencia con confianza.

Porque no es lo mismo. Que alguien te diga que sí a todo, rápido y sin chistar, puede significar dos cosas muy distintas: que confía en vos, o que ya aprendió que discutir con el jefe no vale la pena. Y la segunda opción me da un poco de vergüenza, te soy sincero.

En mi trabajo, que es el rubro inmobiliario, esto se nota mucho. Uno pasa años construyendo una cartera, atendiendo consultas, midiendo cada palabra con la gente que compra o vende. Y cuando armás un equipo, tenés la tentación de que todos hagan las cosas como las hacés vos. Eso parece ordenado, parece prolijo. Pero en realidad es un equipo que espera instrucciones para todo, que no se mueve si el jefe no está mirando.

Eso es todo.

El otro día, en una de esas reuniones eternas que tenemos, alguien propuso cambiar un paso de un procedimiento y yo, sin pensarlo mucho, dije que no porque siempre se hizo así. Lo dije tan rápido como mi equipo me dice que sí a mí. Y me quedó la espina. ¿En qué momento me convertí en el que dice que no por costumbre?

Lo que aprendí, o mejor dicho lo que estoy aprendiendo, es que la autonomía no se pide, se suelta. No alcanza con decirle a alguien "tenés libertad para decidir". Hay que bancarse que decida distinto a uno, aunque salga un poco peor. Yo todavía estoy en ese proceso y no lo tengo del todo resuelto, ojo.

reunión de equipo alrededor de una mesa de oficina
Foto: Specht GmbH / Pexels (CC0)

Pienso en mi familia también. Con los hijos pasa algo parecido. Uno quiere que obedezcan, que hagan caso, y a veces esa obediencia tapa cosas que no ves. Cuando mi hijo me pregunta por qué hay que hacer algo de determinada manera y yo contesto "porque sí", estoy haciendo lo mismo que hago en el trabajo con mi equipo. Cierro la puerta sin querer.

Ahora, si alguien me pregunta qué haría distinto a partir de mañana, yo empezaría por algo simple: cuando alguien del equipo te propone cambiar algo, no contestes en el momento. Decí "dejame pensarlo" y date un día. Suena tonto, pero ese día de espera te saca del reflejo. Yo lo probé esta semana y una de las propuestas que iba a rechazar de entrada resultó ser mejor que lo que teníamos.

Otra cosa que me sirvió: preguntar antes de mandar. En vez de decir "hacé esto así", preguntar "¿cómo lo harías vos?". La primera vez que lo hice me miraron raro, como esperando la trampa. Pero después se sueltan, y ahí empezás a ver quién piensa y quién solamente ejecuta.

No es magia tampoco. Hay gente que prefiere que le digas qué hacer y punto, y está bien. No todos quieren decidir. Lo que no me parece justo es no darles la opción de elegir.

Con la iglesia me pasa algo parecido, salvando las distancias. En las reuniones de la comisión, cuando alguien nuevo opina, a veces se hace un silencio medio incómodo porque nadie quiere contradecir a los que tienen más años. Y esos años pesan, pesan mucho. Pero he visto que las mejores ideas de los últimos tiempos vinieron justamente de los que recién llegaban y se animaron a hablar.

Volviendo a hoy, a la respuesta rápida de la mañana: no me molesta que me digan que sí. Lo que me molestaría es que me digan que sí y por dentro estén pensando otra cosa. Eso, en mi experiencia, es lo que termina rompiendo un equipo, no los errores ni las discusiones. La obediencia silenciosa se ve ordenada por fuera y por dentro se va pudriendo de a poco.

Así que hoy, mientras cerraba unas carpetas y me preparaba para salir, me prometí algo chico. La próxima vez que alguien de mi equipo me diga que sí demasiado rápido, le voy a preguntar qué piensa de verdad. Y me voy a quedar callado a escuchar la respuesta, aunque no me guste.

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