Cuando la vida no tiene sentido y aun así seguimos
Hay momentos donde todo parece incierto. No vemos una salida, no entendemos por qué pasan las cosas. En esos momentos, la fe no es tener todas las respuestas, sino confiar a pesar de no tenerlas. Es saber que hay un propósito aunque no lo veamos.
La perseverancia no es hacer siempre lo mismo, es no rendirse cuando las cosas se ponen difíciles. Es entender que el proceso tiene un propósito, aunque no lo entendamos en el momento. Lo que parece un obstáculo hoy puede ser una lección mañana.
Servir sin esperar nada a cambio es quizás la lección más difícil del cristianismo. Nuestro instinto nos dice que demos para recibir. Pero el servicio verdadero es el que se hace en secreto, sin que nadie lo sepa, sin esperar reconocimiento.
La fe se pone a prueba cuando la vida no tiene sentido. Perder a alguien, enfrentar una enfermedad, ver injusticias. En esos momentos la fe más profunda no es la que entiende todo, sino la que confía a pesar de no entender nada.
La paciencia no es pasividad, es actividad confiada. Es seguir sembrando aunque no veas la cosecha, seguir orando aunque no sientas respuesta, seguir caminando aunque no veas el camino. El fruto de la paciencia siempre llega.
La ansiedad y la fe pueden coexistir. Decir "no os afanéis por el mañana" no significa que nunca vamos a sentir ansiedad. Significa que no dejamos que la ansiedad gobierne nuestras decisiones. Confiar no es no tener miedo, es tener miedo y seguir adelante de todos modos.
Dios no opera en nuestro calendario. Nosotros queremos respuestas ya, soluciones inmediatas. Pero Él ve el panorama completo que nosotros no vemos. Los tiempos de espera no son pérdida, son preparación para lo que viene.
La oración no es una lista de pedidos. Es un espacio para conectarse, para soltar lo que nos pesa, para escuchar. Muchas veces salimos de la oración igual que entramos porque no nos tomamos el tiempo de escuchar.
No fuimos hechos para caminar solos. La comunidad de fe no es opcional. Es el espacio donde nos sostenemos, donde oramos unos por otros, donde compartimos las cargas. Una fe aislada es una fe frágil. El hierro se afila con el hierro.
Perdonar es un proceso, no un evento. No se trata de olvidar lo que pasó, sino de soltar el peso que llevamos. No es por el otro, es por uno mismo. El rencor pesa más en el que lo lleva que en el que lo recibe.
Hay temporada de siembra y temporada de cosecha. No se puede cosechar lo que no se sembró. Y a veces sembramos lágrimas para cosechar alegría. El proceso duele, pero el fruto vale la espera. No todo tiene que tener sentido ahora. Más tarde lo vas a entender.
La generosidad no es dar lo que sobra, es dar lo que cuesta. Tiempo cuando no lo tenés, atención cuando estás agotado, un abrazo cuando no sabés qué decir. Esa generosidad es la que refleja el corazón de Dios.
Dudar no es falta de fe. Los discípulos dudaron, Pedro negó, Tomás tocó las heridas. Y Jesús no los rechazó. La duda sincera busca respuestas. Lo peligroso no es dudar, es dejar de buscar.
La fe se comparte. Si algo te tocó, compartilo.
Contenido original para Steemit.

