El 9 de septiembre descubrí que la Parusía no es sólo un futuro lejano
Esta mañana, al cruzar la esquina de la Av. Palma con la calle San José, escuché el repique del campanario de la Casa de Oración de San Juan anunciando la charla de hoy: “La Parusía en tiempos de incertidumbre”. El volante que llevaba mi hija, Lucía, decía que el evento comenzaría a las 19:00 y que el pastor Carlos Méndez sería el ponente. Decidí entrar porque, como siempre, la curiosidad espiritual me empuja a buscar respuestas cuando el ruido del mundo parece ahogar la voz del Señor.
En el centro de la reunión, el pastor Méndez abrió con 1 Tesalonicenses 4:13‑18, recordándonos que “nosotros también debemos consolar a los que están en dolor”. En mi experiencia, ese pasaje no es sólo consuelo para los que han perdido a un ser querido, sino la llave para entender que la Parusía —la venida del Señor— no es un evento distante que se quedará en los libros, sino una esperanza viva que transforma el presente. Cada vez que el Señor menciona su regreso, la Escritura nos invita a vivir con ojos de eternidad, sin descuidar la tarea cotidiana.

Foto: Israel Torres / Pexels (CC0)
Al observar a los doce participantes, noté que la mayoría llevaba la carga de la crisis económica que golpea a Asunción desde principios de año. María, madre soltera de dos niños, compartió que su pequeño taller de confección cerró en abril y que ahora teme no poder pagar el arriendo. En medio de su relato, el pastor subrayó que la expectativa del regreso de Cristo no es una excusa para la pasividad, sino una motivación para la acción firme y la fe activa. En mi propia vida, recuerdo cuando, hace tres años, la sequía arruinó la cosecha de mi familia; fue entonces que la certeza de la Parusía me impulsó a sembrar un huerto comunitario, confiando en que el Señor proveería. Esa decisión, aunque arriesgada, abrió puertas de ayuda mutua que aún hoy alimentan a varios vecinos.
Si recién comienzas a meditar sobre la Parusía, te propongo tres pasos que puedes aplicar mañana mismo: 1) Reserva diez minutos al final del día para leer 1 Tesalonicenses 4 y anotar cómo ese pasaje habla a tu situación actual; 2) Escribe una carta breve a alguien que esté pasando por dificultad, recordándole la esperanza del regreso de Cristo y ofreciendo ayuda concreta; 3) Únete o forma un pequeño grupo de estudio, como el que se reúne los jueves en la casa de la hermana Ana en Barrio La Encarnación, para compartir preguntas y oraciones sobre la venida del Señor. Estos hábitos sencillos convierten la doctrina en práctica diaria.
Al cerrar la puerta de la Casa de Oración, sentí que la Parusía dejó de ser una fecha marcada en el calendario y se volvió un llamado a vivir cada día con la certeza de que el Señor está cerca. En mi corazón, la expectativa se traduce en acción, y eso es lo que realmente transforma nuestra fe.