El estudio del 70 % de EE. UU. preocupado por la IA me obligó a revisar mis ajustes

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Esta mañana, a las 8:17 am, mientras me servía un tereré en la esquina de la Av. San Martín en Asunción, el móvil me lanzó una notificación de Bloomberg: “70 % de los adultos en EE. UU. están más preocupados que entusiasmados por la IA”. El titular me sacó de la rutina y, sin pensarlo, abrí el enlace del Pew Research Center publicado el 4 de septiembre de 2026. Allí, entre gráficos de barras, leía que 71 % de los encuestados temían que la IA reemplazara empleos y 58 % citaban la privacidad como su mayor inquietud.
Ese número no era solo una estadística para mí; era un espejo de lo que había estado pasando en mi escritorio. Desde que la versión 2.0 de ChatGPT llegó a mi laptop en febrero, lo usaba para redactar correos, traducir textos y hasta generar ideas para mis posts en Steemit. No es lo mismo abrir una herramienta para ganar tiempo que sentir que cada pregunta deja una huella en algún servidor remoto. La diferencia se nota cuando revisas el historial y ves que la IA guardó fragmentos de tus conversaciones personales, como la lista de compras para la feria del 12 de octubre.
Una tarde, mi compañero de trabajo, Carlos, me mostró un reporte interno de la empresa donde comparaban la productividad antes y después de integrar un asistente de IA en la redacción de informes. Los números eran llamativos: 23 % más rápido, pero también aparecía una alerta de cumplimiento que señalaba que el 34 % de los documentos contenían datos sensibles sin anonimizar. Esa alerta me hizo pensar en el estudio que había leído y en cuánto confío ciegamente a los algoritmos.
¿Qué puedes hacer ahora?
- Revisa la configuración de historial en la plataforma que uses: desactiva la opción de guardar conversaciones o al menos elimina lo que ya no necesites.
- Usa versiones locales de modelos de lenguaje para tareas que no requieran la potencia de la nube; hay distribuciones de LLMs que corren en una Raspberry Pi a 4 GB de RAM.
- Programa una hora sin IA al día: cierra el navegador, apaga el móvil y resuelve problemas a la vieja usanza. Notarás que tu cerebro sigue funcionando sin la ayuda del modelo.
- Actualiza tus políticas de privacidad en todas las cuentas: revisa los permisos de acceso a micrófono y cámara, y revoca los que no reconozcas.
Al final del día, me quedé con la sensación de que la tecnología sigue siendo una herramienta, no un sustituto. Prefiero que mi relación con la IA sea consciente, que la use solo cuando sea realmente práctico, y que mantenga el control de mis datos. La inquietud del 70 % me recordó que la confianza se construye con acciones, no con promesas.
En resumen, el estudio me obligó a cerrar la sesión de ChatGPT, a limpiar el historial y a probar un asistente offline. No es una revolución, pero la diferencia se nota en la tranquilidad que siento al saber que mis datos no están flotando en la nube sin mi permiso.