El chico del hostel de Asunción me mostró su cuaderno de gastos y me dio vergüenza el mío
Ayer a la tarde, mientras esperaba que se desocupara la ducha del hostel en Asunción, me puse a charlar con un chico chileno que estaba sentado en la mesa común con un cuaderno anaranjado, de esos que venden en la librería de la esquina por 15 mil guaraníes. Yo pensé que estaba escribiendo el diario del viaje, algo tipo "hoy conocí tal lugar". Y no. Estaba anotando precios. Uno por uno. El pan, el bus, la entrada al museo, todo.
Me mostró la página del día anterior: 47 mil guaraníes gastados en total, entre desayuno, dos buses y una entrada a un museo que ni me acuerdo cómo se llamaba. Yo saqué mi cuaderno, el mismo que vengo arrastrando desde hace meses, y lo abrí en cualquier página al azar. Tenía tres números sueltos, una dirección mal escrita y un dibujo de una vaca que hice en algún colectivo del Chaco. Nada más. Ahí me di cuenta de que mi sistema de anotar "lo importante" no sirve para nada, porque al final nunca sé cuánto gasté en serio.
La cosa es así: él divide el cuaderno en dos columnas, una para lo que pagó y otra para lo que dejó de pagar. Me explicó que la segunda columna es la que le importa. Por ejemplo, el martes no pagó el tour de 80 mil guaraníes a un cerro porque se fue caminando por otro sendero, gratis, y volvió con las mismas vistas. Eso lo anota. No como un logro, sino como un dato que le sirve después. Yo nunca había pensado en anotar lo que NO gasté, siempre anoto lo que sale de la billetera y ya.
Eso es todo. Un cuaderno, dos columnas, y una idea que se me pegó.

Foto: Porapak Apichodilok / Pexels (CC0)
Igual te digo, no es que salgo corriendo a comprar un cuaderno nuevo. Ya tengo uno, medio roto, con la tapa envuelta en cinta aislante negra porque se me mojó en Encarnación hace como dos meses. Lo que voy a hacer es distinto: desde hoy anoto también lo que evité pagar, aunque sea una boludez. Ayer mismo, en vez de tomar el bus que me dejaba en el centro, caminé veinticinco minutos y me ahorré 5 mil guaraníes. No es plata, lo sé. Pero es el tipo de cosa que después te permite decidir con más información si vale la pena estirar el presupuesto un día más o volver antes.
Lo que me llamó la atención del chileno no fue el método, fue la constancia. Llevaba cuatro meses de viaje y tenía el cuaderno lleno, página tras página, con letra apretada. Yo llevo menos tiempo y ya perdí la cuenta de cuántos días escribí y cuántos no. Puede que esté equivocado, pero creo que ahí está la diferencia entre un viaje que te dura y uno que se te desarma a las tres semanas.
Si recién arrancás con esto de la ruta, mi consejo es simple: antes de comprar cualquier cosa, anotá lo que ibas a pagar y no pagaste. No hace falta una app ni una planilla, con el cuaderno más berreta que encuentres alcanza. Yo empecé ayer y ya tengo tres líneas. Poco, pero algo es algo.
Lo del chileno me dejó pensando más de lo que esperaba para una charla de hostel un jueves cualquiera.