El del kiosco me cobró el café en dólares y me arruinó la mañana

in #travel • 15 days ago

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Foto: Paris - Vintage travel gear seller at the marche Dauphine - 5212 / Wikimedia Commons

Salí del hostel a las 7 y media con la idea de desayunar barato antes de tomarme el bus a Encarnación. Caminé tres cuadras, entré a un kiosco de la calle Palma, pedí un café con leche y un pan con queso. El tipo me mira, saca una calculadora, teclea un rato y me dice: "son 22 mil". Le pagué, salí, y recién en la esquina caí: 22 mil guaraníes por eso es como tres dólares. Tres dólares por un café de kiosco. Y no era ni bueno, te soy sincero.

Ahí me acordé de la noticia que vi esta mañana en el teléfono: Iberia metió una tasa extra de hasta 140 euros para los que viajamos con equipaje de mano y no sé qué más. Leí el titular dos veces, porque 140 euros es casi lo que gasté en la última semana entera de ruta. No estoy en contra de que las aerolíneas cobren, entiendo el negocio, pero hay algo en cómo te lo esconden hasta el último clic de la compra que te da una bronca... no sé, es como el kiosco. Te cobran lo que quieren cuando ya estás adentro.

La cosa es que el café me hizo pensar en algo más chico, más de todos los días. Nos acostumbramos a mirar el precio grande, el pasaje, la noche de hostel, y después nos comemos el presupuesto en las cosas mínimas. Un café acá, una botella de agua allá, el taxi que "total son 15 mil". Hice la cuenta rápida en el celular: si me tomo dos cafés por día a 22 mil, en un mes son más de un millón trescientos mil guaraníes. Un millón trescientos. Por café. Casi un pasaje de bus a Buenos Aires.

No te digo que dejes de tomar café, eso sería absurdo. Lo que hago yo ahora, y me está funcionando, es cargar la yerba y el termo. Suena de viejo, ya sé, pero el mate en la mochila me ahorra entre 15 y 20 mil por mañana, y encima me obliga a sentarme en una plaza, mirar la ciudad un rato, hablar con alguien. En Encarnación me pasó con un señor que vendía chipa y terminamos charlando media hora de la costanera. Eso no me lo da un kiosco.

Si recién arrancás con esto del mochileo, mi consejo es simple: antes de reservar nada, anotá durante una semana TODO lo que gastás en boludeces. Literal todo, hasta la galletita. Vas a ver que el 20 o 30 por ciento de tu presupuesto se va en cosas que ni registrás. Con ese número en la mano recién ahí decidís qué recortar.

Igual, ojo, tampoco es cuestión de vivir contando guaraníes y no disfrutar nada. El café de hoy estaba rico, no me voy a mentir. Solo que ahora, cuando pago tres dólares por uno, lo hago sabiendo que lo elegí.