El flaco de la terminal me mostró su planilla y me di cuenta de que yo viajo mal
Ayer a la tarde, esperando el bus a Encarnación en la terminal de Asunción, se me sentó al lado un flaco con una carpeta. Sí, una carpeta. De esas de plástico con elástico, como las que usábamos en el colegio. Yo pensé que vendía algo o que era de alguna iglesia, pero no: era su planilla de gastos de viaje. La abrió y me la mostró sin que yo le preguntara nada. Tenía todo anotado, con regla, fecha por fecha, hasta el vuelto del pan.
Me reí por dentro, te soy sincero. Después me dio un poco de vergüenza porque yo llevo mis gastos en la cabeza y siempre termino sin saber en qué se me fue la plata.
El flaco iba a contar lo de siempre, lo del presupuesto de 5 dólares por día que circula en todos lados, y me mostró la columna real: en promedio había gastado 11 dólares diarios en 23 días, y eso incluyendo dos noches que durmió en casa de un amigo en Ciudad del Este. Me dijo una frase que me quedó dando vueltas: "el presupuesto no es lo que gastás, es lo que dejás de gastar sin darte cuenta". Y me mostró el detalle, que era lo más interesante de todo: 4 dólares diarios se le iban en agua y snacks de kiosco. CUATRO. Casi la mitad de su margen, en boludeces que ni registraba.

Foto: Jose Parra / Pexels (CC0)
Yo no tengo carpeta ni regla. Pero esa charla me sirvió más que cualquier nota de viaje que leí en el año.
El punto no es llevar una planilla como un contador. Es mirar una sola cosa: en qué se te va la plata chica. El agua, el café, el alfajor de la terminal, el cargo por pagar con tarjeta afuera. Yo desde ayer empecé a anotar solo eso, en una nota del celular, tres renglones por día. Nada más. No quiero convertirme en el flaco de la carpeta, igual te digo.
Si recién arrancás con el mochileo, mi consejo concreto es este: antes de salir, agarra tus últimos cinco días normales en tu ciudad y anotá lo que gastás en cosas chicas. No lo que pagás de alquiler o de luz. Lo otro. Vas a encontrar un número que te va a sorprender, y ese número es el que te va a comer el presupuesto en la ruta. Con eso ya sabés dónde apretar.
Me quedé pensando en la carpeta toda la noche. Capaz que el flaco no estaba tan loco.